El niño perdido subió a este monte muchísimas veces, no había lugar que no conociese ni camino por el que se pudiera perder.
Conocía los animales, las fuentes ,los manantiales y todos los nacientes de agua, cada árbol y todas las piedras.
Pero era tan joven que aun así temía perderse, el bosque por aquel entonces era muy espeso, apenas entraba la luz, no había caminos, apenas un sendero y El temía perderse. Es por eso que por donde pasaba a modo de señal y guía amontonaba piedras al borde de los caminos, podréis ver muchas en pequeños montículos por todo el monte y al pie de los senderos, eran la evidencia inequívoca de sus andares.
Fueron tantas las veces que por aquí pasó que el cumulo llegó a ser mas grande que el mismo y su perdurabilidad llego a nuestro días. Los veis?