Se puede llegar desde las baños de agua caliente que dan nombre al río y donde a escasos metros se localiza un moderno balneario. Donde se acaba el asfalto se adentra al valle del Río Caldo por una pista de tierra que discurre sobre lo que hace dos mil años fue una importante vía de comunicación romana que unía Bracara con Astorga. Es la llamada Vía XVIII en el Itinerario de Antonino o más conocida como Vía Nova. Hoy en día se conserva muy poco de su pavimento pero sí los restos de una mansión romana, la llamada Aquis Oríginis.
Pasaremos al lado de este lugar en nuestro camino a la fervenza. La calzada actualmente es de unos dos metros de ancho hoy en día, a pesar de que antiguamente fuera de siete metros, lo suficiente para permitir holgadamente el paso a las legiones romanas que venían a conquistar y romanizar Gallaecia por el Valle del Limia y camino adelante avituallarse en el cercano campamento romano del Aquis Querquennis.

A unos 800 m de donde inicia la el camino sin asfaltar, antes de cruzar el río, deberemos coger una pista que asciende a la izquierda, lo que nos conducirá al hermoso paraje. Tan sólo debemos guiarnos por la vista y el ruido que forma este vertiginoso salto de agua. Al llegar veremos la grandeza del sitio y nos dejaremos llevar por el hermoso sonido de las aguas al precipitarse entre las rocas. Subiremos lo que queramos, pues el lugar es maravilloso desde abajo hasta arriba. Además de los sorprendentes saltos de agua, el lugar es famoso por las fantásticas pozas que forma el río, donde es posible darse un resfrescante chapuzón en las cristalinas, pero frías aguas, del regato. Desde arriba, podremos admirar el conjunto del salto y las fantásticas panorámicas del Valle del Río Caldo y de la sierra de Santa Eufemia. El regato desciende prácticamente a 400 m desde una altitud de 800 y ello en apenas 1 km de recorrido. La única pena es que este espectáculo de agua sólo se puede disfrutar cuando el tiempo ha sido lluvioso y las aguas se puedan juntar para formar esta “corga”. De todas formas, el magnífico entorno natural y el importantísimo patrimonio histórico del lugar podrá ser disfrutado en cualquier época del año.

Si continuamos abajo el camino por el Río Caldo, pasaremos junto a un hermoso “peto de ánimas” de origen remoto, junto a hermosos molinos de agua e incluso hasta una fábrica de miliarios romanos, poco antes de la frontera de Portugal.