PARQUE NATURAL E ARQUEOLÓXICO DE SETE CAMIÑOS
Lenda_da_luz

El Proyecto de Creación de Espacio Natural y Arqueológico de Sete Camiños surge como una necesidad imperante propiciada por las agresiones lentas y continuadas hacia los recursos patrimoniales y naturales del espacio natural y arqueológico que supone el entorno de Sete Camiños.
Nos congratulamos de que sea la propia vecindad del lugar quien protagonice la iniciativa, que es la mayor conocedora de su espacio inmediato, aglutinador de su cultura y de su identidad.
Queremos que este cruce de senderos que representa Sete Camiños se convierta en uno cruce de voluntades y de aprecio por el monte y por el patrimonio heredado de nuestros ancestros.

En un espacio de reducidas dimensiones encontramos una concentración inusitada de elementos patrimoniales que nos remontan hacia las culturas más antiguas y reconocidas de la prehistoria de Galicia, enterramientos colectivos, Túmulos, y grabados rupestres, petroglifos, con más de 6000 años de antigüedad. Tode esto enmarcado en un espacio natural singular con una destacada visibilidad sobre la Ría de Pontevedra y el valle de Tomeza.

El sentir común y las intenciones ciertamente elevadas de este proyecto pueden prevalecer sobre las cuestiones de carácter localista y sobre los diversos enfoques que haya encima de monte comunal. Aunando esfuerzos será posible sentar las bases de un futuro mejor para las generaciones próximas, a las que les legaremos un conjunto de bienes patrimoniales de valor considerable, recuperadas y bien conservadass, no olvidadas y destruidas.
Los yacimientos arqueológicos adquieren así un papel protagonista dentro de una explotación de monte sostenible y basada en los recursos propios.

DESCRIPCIÓN:
El Alto de Pornedo, también conocido como Monte Pituco, es la mayor elevación de las estribaciones del sistema montañoso que corona la Península do Morrazo. Su altura asciende hasta los 313 metros sobre el nivel del mar y desde allí tendremos unas maravillosas vistas de la Ría de Pontevedra con Marín a los pies y de gran parte del Val do Tomeza.
Estos montes, pese a esconder una gran riqueza arqueológica, etnográfica y natural, ha sido condenado a padecer durante las últimas décadas toda clase de tropelías y aberraciones que han transformado lo que podría ser un gran espacio natural y cultural para el disfrute de los vecinos de la comarca. También existe un proyecto para la creación de un polígono industrial en este monte vecinal.
WEB DEL PARQUE NATURAL SETE CAMIÑOS
LA LUZ DE SETE CAMIÑOS

La vecindad de Salcedo y Lourizán y las gentes que recorrían y trabajaban los montes de estas parroquias hablan de un fenómeno extraño que ocurría en Sete Camiños. La leyenda o la creencia hablaba de misteriosas iluminarias, de esferas de luz que se dejaban ver por las inmediaciones de este cruce montés. Las gentes hablaban de la luz de Sete Camiños, una misteriosa luz qué solía verse transitando por los montes de esta zona. A veces, de noche, otras, a eso de amanecer. La luz aparecía de repente y se desplazaba en línea recta por las cumbres. Unos cuentan que, llegado a un punto, la luz daba la vuelta y emprendía el camino opuesto. Otros decían que la luz aparecía y desaparecía al poco tiempo para aparecer unos minutos después en otro lugar.
Muchos vecinos y vecinas, subían hasta Sete Camiños para ser testimonios de tal fenómeno. Para algunos era cosa de otro mundo o incluso de la Santa Compaña, pero no faltaba quien relacionaba esta misteriosa luz con los fanales que llevaban en la mano las lecheras que transitaban por las rutas des Sete Camiños rumbo, o de vuelta, de la villa de vender su leche. Otros, por el contrario, decían que las luces eran de contrabandistas que por aquella época de la posguerra frecuentaban estos montes. Dicen que con la llegada de cuartel de Figueirido y la presencia de ejército, esta luz fue desaparecindo poco a poco pero aun hoy en día quedan personas viejas en la parroquia de Salcedo que aseguran haberla visto.
Mucha gente identificaba este fenómeno con las macabra procesiones de las ánimas, y así decía la vecindad que iba a la feria la Moaña, que en los Sete Camiños andaba de noche la Compañía y que se aparecía como un hartazgo de luces flotando por el aire que iba por el alto de la sierra.
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