La solemne fuente, además de realizada para que las personas de los caseríos de Berriozabaleta pudieran limpiar sus vestimentas, también se construyó como lugar de encuentro para las importantes reuniones vecinales, y para ello son los bancos que hay cimentados en su contorno. El barrio –en la carretera que une Elorrio y Berriz, conocida popularmente como Vuelta a Miota–, con unas vistas espectaculares al inigualable cresterío de la pequeña Suiza que es Durangaldea, cuenta además con mesas para una buena merienda con fuente y dos columpios colgados de árboles que harán las delicias de los txikis de la casa.

Pero, en el caso de la fuente elorriarra, la obra no fue asumida por el ayuntamiento o la vecindad reunida en auzolan; fue el encargo de un particular que quiso ser recordado –y de hecho lo consiguió– por el "magnífico regalo que hace a su barriada natal"
El personaje:
Manuel Plácido de Berriozabalbeitia (Elorrio 1775 – Madrid 1850) nació en el caserío Berriozabalbeitia. Tras sus estudios consiguió una plaza en la Administración de Perú, donde realizó una exitosa carrera que "culminó con la negociación de la independencia del país", agrega la investigadora. Tras su vuelta a Bizkaia, en 1828, se dedicó a administrar sus bienes y ayudar a su familia. Entre 1832 y 1833 realizó uno de los palacios del bonito barrio rural.
Después del palacio, decidió la construcción de la fuente y el lavadero con su camino de enlace, y el traslado de la vieja ermita de Santa Catalina, que fue reedificada desde los cimientos. Manuel Plácido no solo pagó los trabajos, sino que hizo generosas aportaciones posteriores para que no cayesen en el abandono. "Es patente el interés y el espíritu culto e ilustrado del indiano, deseoso de mejorar las condiciones de vida de sus paisanos, dignificar el aspecto formal de la barriada que le vio nacer y perpetuar la buena memoria de su figura. El arquitecto elegido es un elorriano con vínculos familiares con el promotor".
Se trata de Miguel de Elcoro Bereceybar, de ascendencia guipuzcoana, que estudió en la Real Academia de San Fernando. "Esta es su obra más interesante, equiparable a las de cualquiera de sus colegas más conocidos. A la luz de este proyecto, se nos presenta como un arquitecto neoclásico estricto, fiel seguidor de la norma académica basada en la simetría y las figuras geométricas puras".
