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Junto con la finca del Campillo, Monesterio fue uno de los lugares históricos integrados dentro de la Gran Cerca de Felipe II. La fabulosa extensión de más de 1.500 hectáreas es referida en el Libro de la Montería de Alfonso XI y los Reyes Católicos provisionaron las cercas de ambos parajes. Felipe II adquirió en 1594 ambas fincas al Duque de Maqueda por 40.000 ducados, tras lo que ordenó su despoblamiento.
Para asegurar el servicio de la finca, su heredero Felipe III mandó construir en 1611 una casa de oficios, actual Monesterio. Levantada según proyecto del arquitecto real Juan Gómez de Mora, se mantuvo en funcionamiento durante más de 250 años. Hasta 1869, cuando se produjo la desamortización de Madoz, que declaró estas fincas terreno nacional, permitiéndose su venta a particulares.
En manos particulares ha permanecido desde entonces hasta nuestros días, dedicándose los terrenos a explotaciones ganaderas y cotos de caza, mientras el edificio histórico era pasto de los ladrones y la ruina. Ostenta hoy la propiedad ANIDA, sociedad inmobiliaria del BBVA.
Los terrenos fueron declarados en 2006 Territorio Histórico y el edificio Bien de Interés Cultural, BIC. Hasta entonces planeó sobre el palacio y los terrenos circundantes la amenaza de su recalificación, de suelo rústico a urbanizable, y la posterior construcción de un gran centro comercial y 850 viviendas. El Ayuntamiento de San Lorenzo ha desestimado estos planes.
En 2016 se llevó a cabo la consolidadción de los restos del edificio. Los muros que aún no se habían caído fueron consolidados y se dio estanqueidad a la fábrica. Las obras realizadas son poco para lo que realmente necesita el edificio y para lo que esperaban las asociaciones pero son mejor que nada.
Al mismo tiempo, se procedió al desmantelamiento de la colonia de cigüeñas. Más de 30 nidos fueron desmontados con grúas (algunos pesaban 500 kilos). Se trasladaron a un bosque artificial situado al lado. Formado por mástiles de seis a 12 metros colocados con distintas inclinaciones, en la punta de cada uno se colocó una cesta y encima los nidos. La intención no era otra que cada pareja de cigüeñas ocupase la ubicación de su antigua casa, sin ponerse a construir otro nido en la techumbre de Monesterio. Esperanza vana pues aunque todos los nuevos nidos han sido ocupados, algunas cigüeñas han vuelto a levantar nidos sobre la techumbre.
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