Parroquia de Santiago Apóstol

Historia:
En las profundidades del donostiarra barrio de Amara Viejo (Amara Zaharra), engullida casi por los nuevos perfiles urbanísticos, y amenazada desde hace décadas por una espada demoledora de Damocles que tiene puestos sus ojos en las viejas casas que se hicieron para las familias de la policía, allí se encuentra, como la irreductible aldea de los Galos Asterix y Obelix, la pequeña comunidad de la parroquia de Santiago Apóstol, una parroquia que conserva el sabor de antaño con su párroco y pastor desde hace 60 años. Tras su modesta apariencia, este coqueto templo esconde varias historias que hermanan nuestra ciudad con el Camino. El edificio fue construido a finales del siglo XIX por el Ayuntamiento para acoger servicios municipales, pero no fue hasta 1961 cuando se convirtió en la iglesita que podemos apreciar en la actualidad.

Su párroco Pablo García Azpillaga (94 años en 2021) lleva medio siglo buceando en los restos de la senda jacobea por San Sebastián y Gipuzkoa, un relevo que le pasó el ilustre investigador Manuel Lecuona. En esta vertiente del cerro de San Bartolomé, por donde hoy discurre la calle Amara, se levantaba un caserón noble que, como era tradición, contaba con una capilla anexa bajo la advocación del apóstol Santiago. El edificio tenía, además, un zirimitorio, una suerte de reservado dentro de la propia capilla en la que los peregrinos menos pudientes podían pasar la noche. Los caminantes (o jinetes o quienes hacían el Camino a bordo de un carruaje) que tenían dinero dormían en posadas de la propia ciudad, siempre intramuros. El caserío en cuestión fue destruido en alguno de los conflictos bélicos en los que se vio envuelta San Sebastián en el siglo XIX pero no la talla de Santiago. Ésta sobrevivió y acompañó a los descendientes de los propietarios hasta que, finalmente, fue donada a la actual parroquia. Allí sigue, junto al altar de mármol.
A este lugar se puede acceder desde diferentes puntos de la ciudad, pero es desde la plaza Easo el camino más sencillo.
Fuente: Mundicamino y Tribuna libre
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