
Entender el porqué de la introducción del pino radiata en Euskadi requiere previamente conocer el marco histórico-forestal previo al siglo XX.
A pesar de las optimistas suposiciones de algunos autores sobre el antiguo arbolado vasco, la realidad es que, excepto en algunas zonas de Alava, y debido a la demanda de carbón vegetal por la industria del hierro, prácticamente todo el arbolado estaba fuertemente explotado bajo régimen de monte bajo o desmochado.
A título de ejemplo, en 1872, no existía en toda Bizkaia un monte alto, es decir nacido de semilla y con las copas sin desmochar. Incluso se actuaba en las laderas más inaccesibles y escarpadas de los montes, que todavía mantienen rastros de aquel carboneo. En este panorama crítico para el arbolado, surgen nuevas especies, como el pino radiata, que supusieron una alternativa a la tradicional actividad forestal, tanto para unos propietarios deseosos de buscar rendimiento a sus montes, como para las Diputaciones, preocupadas por la deforestación del territorio.
El iniciador de está actividad fue Mario Adán de Yarza que, en el siglo XIX y entre todas las coníferas a su disposición, eligió desde sus primeras plantaciones al pino radiata. Esta especie se cita por primera vez en 1857 en un jardín de su propiedad en Lekeitio (Bizkaia). En 1871 planta unas parcelas de ensayo, y la primera repoblación de cierta entidad la realiza en 1898. De 1898 a 1925 llegó a plantar en sus montes 11 millones de coníferas, en su mayor parte pino radiata.
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