
Queso es un desastre. A descontar de su primera nómina tenemos el cable de la fibra, libros, el mando de la tele y el del equipo de música, dos camitas de perro, un par de cojines, una alfombra...; y aún así le queremos.
Le vale montaña, costa o ciudad; si hay gente siempre mejor, y si hay otros peludos mejor todavía.
Tiene algo de canguro, acostumbra a ser el más payasete. Aunque a veces se las da de noble, escrutando el entorno con gesto serio y el pecho henchido, mirando con superioridad al que invade su campo visual.
Es un gran disfrutón y un gran sufridor. Manipulador nato, experto en miradita dramática y en largos suspiros cuando tiene que esperar o algo no está a su gusto. La comida su religión.
¡Gracias D_Barreira por la colaboración!