El
castillo de Castrojeriz se localiza en el extremo oriental de
un destacado cerro testigo, situado en la margen izquierda del
río Odra, delimitado al S por el arroyo de Villajos. Presenta
plataforma amesetada de planta triangular más estrecha al E y
laderas muy pronunciadas con un aterrazamiento artificial en
la zona superior.
Se trata de un emplazamiento con un marcado carácter
estratégico por su fácil defensa y amplio campo de control
visual. Los suelos son de matriz arcillo-arenosa. Este
territorio se integra en la unidad morfoestructural "Páramos
calcáreos" caracterizada por los páramos pontienses del
Arlanzón, eje hidrográfico que jerarquiza una amplia red de
ríos secundarios destacando el Arlanza.
El relieve está configurado por una superficie superior
ondulada que se une con la campiña a través de laderas
abruptas; si bien, en ausencia de las calizas pontienses el
relieve se caracteriza por una serie de hombreras similares a
los páramos pero de laderas más suaves. Esto determina un uso
del suelo para labores agrícolas -cultivos de secano en las
zonas altas y de regadío en la vega del Arlanzón- y ganaderas
-pastizales de escasa calidad en los bordes y laderas de los
páramos.
El cerro tuvo diversas fases de ocupación identificándose en
el área restos constructivos del castillo pero también
documentándose algunos fragmentos de cerámica a mano de pastas
oscuras y cocción reductora; otros realizados a torno que
presentan una mayor variedad de pastas y cocciones,
identificándose producciones celtibéricas y cerámica común y
de tipo cocina posiblemente romanas.
Cerro testigo
Un cerro
testigo u otero son aquellos relieves que se encuentran
aislados en un territorio llano. En consecuencia, consiste en
un relieve residual que ha sido esculpido por el desgaste
producido como consecuencia de la erosión.
Este fenómeno natural funciona como una especie de testimonio
tanto de la evolución como del retroceso de una plataforma o
de una cuesta. Se trata de un cerro producto de un resto
proveniente de una antigua plataforma; dicho fenómeno aparece
en un relieve donde se pueden encontrar capas de rocas blandas
y duras localizadas horizontalmente.
Esto
quiere decir que el paisaje de este tipo de cerro posee unas
líneas horizontales que lo distinguen entre los demás
relieves. Además, al aumentar el proceso de erosión
—generalmente producida por los ríos— se van formando colinas.
Esto puede ocasionar que un territorio esté colmado por varios
cerros testigo que tengan una cumbre plana.
En
otras palabras, se conoce como cerros testigo a estos relieves
ya que han quedado como testigos de la plataforma que existió
en ese territorio millones de años atrás, y que fue
modificándose en el transcurso del tiempo mediante la erosión
producida por el agua.
Un
cerro testigo también se puede definir como una especie de
colina cuya cima es plana rodeada por un notable acantilado,
que finaliza extendiéndose en una amplia llanura. En ocasiones
se puede emplear el término para referirse a un relieve que
consta de una elevación mayor a la de una colina, pero no es
tan alto como para denominarlo montaña.
Por
ejemplo, en algunas regiones de los Estados Unidos se pueden
contemplar unas colinas que constan de una cima plana y de
líneas horizontales; sin embargo, no se puede afirmar que
estos relieves son cerros testigo porque estos suelen ser de
menor tamaño. Eso sí, ambas formaciones son producto de la
erosión.
Características
Los cerros testigo pueden ser catalogados como “montes islas”
y se caracterizan por haber sido preservados de la erosión,
que ha desmantelado el resto de los materiales aledaños. Los
montes isla se han mantenido protegidos gracias a una
litología más resistente (rocas duras) que aparece en la cima.
Estos cerros también se caracterizan por ser muy útiles para
los estudios de geología, puesto que son los únicos relictos
que pertenecieron a unas formaciones geológicas que
anteriormente recubrían una región y que fueron desplazadas
por los agentes erosivos. Este proceso de eliminación
“erosión-sedimentación” es propio de la geodinámica externa.
Así mismo, los cerros testigo se caracterizan por haber estado
rodeados de agua, por lo que suelen estar ubicados cerca de
ríos que dan una salida al océano. Según algunos estudiosos,
estos relieves debieron haberse formado entre la edad Mioceno
inferior y la Inferior media, teniendo en cuenta una
cronología geomorfológica.
Algunos conocedores han establecido que, generalmente, estos
relieves cuentan con una localización que posee una formación
de edad finipaleógena, teniendo un fuerte carácter arcósico.
Esta formación no suele estar recubierta de sedimentos rojos,
pues estos se presentan en la sedimentación miocena. De
encontrarse estos vestigios rojizos, sería solo por los
primeros tres o cuatro metros del cerro.
Diferencia
con páramo
Los cerros testigo se diferencian de los páramos o mesas
principalmente por las dimensiones de tamaño, ya que las mesas
suelen extenderse a lo largo del territorio y son mucho más
altas. En otras palabras, su principal diferencia es que los
cerros testigo o “montes isla” se encuentran solitarios y son
mucho más pequeños.
Además, el páramo abarca todo un ecosistema de carácter
montano e intertropical, teniendo un predominio de la
vegetación arbustiva, lo que lo clasifica en términos
biogeográficos como una pradera debido a su tipo de
vegetación. En cambio, los cerros testigo se encuentran
aislados y, aunque también cuentan con arbustos y matorrales,
su vegetación es mucho menor.
Cerro de
Castrojeriz
El
cerro de Castrojeriz y los pequeños páramos circundantes, son
unas de las mejores muestras de cerro testigo o monte isla. Su
nombre se debe a que se mantienen elevados sobre el terreno
circundante, como testigos de lo que el agua, la nieve, el
hielo, el viento y todas las formas de erosión han ido
arrastrando durante mucho tiempo a su alrededor. Las calizas
de las partes altas son más duras que las capas de terreno o
estratos inferiores y actúan como protectoras de lo que hay
debajo, a modo de gigantescos paraguas frente a la erosión.
Estudiando la gran tarta de pisos (estratos) que forman el
cerro de Castrojeriz, podemos analizar cómo se formó esta
parte de la cuenca del Duero.
En
la cima del cerro de Castrojeriz podrá observar restos fósiles
de conchas de pequeños caracoles incrustados en las rocas.
Estos moluscos vivían en lugares de agua dulce, lo que le
indica que estas rocas se formaron en grandes charcas y lagos
del interior de la península, hace millones de años.
El
sector de Castrojeriz (Burgos) representa un dominio
sedimentario intermedio de la Cuenca Terciaria del Duero entre
sus bordes NE y E y la zona central de la misma. En él afloran
de forma extensa los materiales de las tres unidades que
caracterizan las series miocenas de la cuenca: en la base,
lutitas y areniscas pardas y ocres de la FaciesTierra de
Campos; en el centre, ocupando la mayor parte de los relieves,
las margas y margocalizas con yesos de las Facies Cuestas, y
en el techo, las calizas micríticas de los Páramos. Estas
series forman en el sector amplios páramos aislados por
depósitos cuaternarios formando terrazas y llanuras aluviales
del río Arlanzón y de sus abundantes afluentes. Ello ha
provocado que, en ocasiones, los depósitos miocenos aparezcan
en forma de cerros testigos como el de Castrojeriz, donde
afloran extensamente los materiales miocenos. Este cerro
testigo es un excelente otero donde reconocer y caracterizar
las tres unidades que integran los materiales terciarios
miocenos de este sector de la cuenca del Duero