CARIÑENA FILES
Del diario de Pipipazzi:
“Recuerdo aquel día en el que encontré un arcón con el emblema del águila napoleónica en un olvidado sótano del Palazzo Reale de Nápoles, mi ciudad natal. Siempre he creído que había pertenecido al Mariscal Murat. Aquel 21 de febrero, estudié el contenido de un porta documentos cilíndrico en el que se leía “SARAGOSSA”. Más tarde, viajé a la ciudad del Ebro y pude encontrar el tesoro que permanecía escondido desde la capitulación de la ciudad.
Allí, visitando la librería de un anticuario, encontré algunos interesantes ejemplares. Uno de ellos, el Teatro histórico de las iglesias del reyno de Aragón, escrito por Ramón Pérez Ubico, conocido como Padre Huesca, y publicado en Pamplona en 1796, me llevó a visitar el Museo de Huesca y a descubrir el tesoro que se encontraba en la ciudad.
Pero también adquirí un curioso libro con recetas de cocina. El Nuevo arte de cocina, sacado de la escuela de la experiencia económica escrito por un tal Juan Altamiras, impreso en Barcelona en 1758. En un principio, lo dejé olvidado en el fondo de mi maletín. Finalizada mi aventura en Huesca, retomé la lectura de esta obra y me pareció observar algunas marcas y señales que bien podrían esconder un enigma. También había algunas hojas sueltas entre sus páginas.
Comencé a indagar sobre la vida del autor, un fraile franciscano bautizado con el nombre de Raimundo Gómez. Nacido en La Almunia de Doña Godina en 1709, se convirtió en el cocinero del convento de Santa Catalina en la localidad de Cariñena, donde falleció hacia 1770.
El nombre de Cariñena me resultaba familiar. Ahí fue cuando decidí regresar a Nápoles. Aquel olvidado sótano continuaba lleno de objetos sin catalogar. Y allí estaba el arcón. A nuestro “rey de Nápoles”, Joachim Murat, le gustaba el vino. Encontré el arcón tal y como lo había dejado, repleto de objetos y documentos traídos desde España, entre los cuales se escondían una botella de vino cerrada, de un tamaño poco habitual, y una carpeta en la que se podía leer “CARIGNENA”.
Había mapas, árboles genealógicos, dibujos de diferentes uvas… Así que decidí hacer un viaje a Cariñena para intentar descifrar lo que parecían ocultar todos esos documentos.”
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UN PINTOR FAMOSO
Mientras meditaba sobre mis descubrimientos entre el Torreón de las Monjas y el Quiosco de la Música del Campo del Toro, me llamó poderosamente la atención un graffiti que representaba una otoñal escena de vendimia. Podía perfectamente ser un homenaje a la cultura vinícola local. Pero algo me decía que había algo más. Tenía la certeza de que había analizado esas figuras con anterioridad, un dèja-vu pictórico podría decirse.
Cuanto más lo miraba, más claro tenía que había visto esa escena en otro lugar. Mis pensamientos comenzaron a llenarse de obras de arte contempladas en diversos museos europeos. Recorrí en mi memoria los pasillos de varios de ellos: el Louvre, los Uffizi, el Hermitage… “No”, me dije, “ha de tratarse de alguno más cercano.” Finalmente, mi mente se detuvo en El Prado. Efectivamente, pronto identifiqué la obra que aquí se hallaba representada. Esta moderna interpretación me pareció muy bien ejecutada. “¡Cáspita!”, pensé. “Al final los graffitis van a ser manifestaciones artísticas muy a tener en cuenta. El mundo evoluciona, y el arte lo hace también.” Y decidí apuntar los apellidos de ambos artistas en orden cronológico.

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