
Como todo en esta vida, la historia de las tarjetas de créditos tiene su miga. La primera del mundo, en realidad, una proto-tarjeta si puede decirse así, data de 1950. Frank McNamara, su inventor, se dejó olvidada la cartera en casa cuando salía a cenar a un restaurante de confianza. A raíz de este despiste, McNamara ideó junto con su socio Ralph Schneider, la Diner’s Club, una forma de pago que triunfó rápidamente. La mecánica era muy sencilla. El cliente cargaba su comida en la tarjeta; el restaurante acumulaba las facturas y, una vez al mes, se las enviaba a Diner’s Club que, a su vez, solicitaba el pago al banco del titular. Por esta gestión, la empresa se llevaba una pequeña comisión.
En su primer año de funcionamiento, Diner’s Club consiguió ni más ni menos que 10.000 socios, 28 restaurantes adheridos y dos hoteles colaboradores, entidades que gustosamente fiaban a su selecta clientela.
Ocho años más tarde, una empresa de transporte de mercancías, la American Express aceleró su negocio de giros postales y cheques de viaje con la puesta en marcha de su primera tarjeta de crédito. Ese mismo año, Bank of America fue un paso más allá y emitió una tarjeta en papel (la futura Visa) con un límite preaprobado de 300 dólares. Esta operación, un gigantesco error de juicio de un directivo excesivamente ingenuo, trajo consigo tasas de morosidad superiores al 20% y un fraude desenfrenado. A pesar de ello, Visa consiguió recuperarse. Siempre es interesante descubrir que, antes de convertirse en agresivos tiburones financieros, las grandes multinacionales también patinaron de lo lindo, como cándidos peces payaso.
Otra de las curiosidades relacionadas con las tarjetas es la puntuación de crédito. Cualquiera que tenga concedida una tarjeta de crédito ha sido sometido a una valoración de solvencia (aunque nadie sea consciente de haber pasado un examen ni haya podido preparárselo) y ha obtenido una puntuación de crédito, expresada en un número de tres dígitos. Y esa cifra puede determinarlo todo: desde la probabilidad de que le aprueben un nuevo préstamo hasta los tipos de interés que le cargarán.
La actual puntuación FICO debe su nombre a la suma de dos iniciales, las del ingeniero William Fair y el matemático Earl Isaac que, en la década de los 50 y con una inversión inicial de 400 dólares por socio, crearon una empresa, la Fair Isaac Company, que revolucionó el score de crédito a escala mundial.
La FICO comercializó el primer sistema estandarizado para evaluar la solvencia de una persona basado en un test de puntuación imparcial. Atrás quedaron los días en que un prestamista –un banco o una financiera– concedía un crédito y asumía un riesgo basándose únicamente en la reputación del solicitante, en su carácter o su apariencia.
La puntuación FICO tiene una escala de 300 a 850, aunque en algunos casos excepcionales puede llegar a los 900 puntos. Se basa en el historial de pagos, las cantidades adeudadas, la duración del historial de crédito, los tipos de crédito utilizados y las consultas de crédito recientes. Y a pesar de la eclosión de diversos métodos alternativos, la FICO sigue siendo, más de medio siglo después de su creación, la forma estándar de identificar la salud crediticia de un cliente en cualquier parte del mundo.
SOBRE EL CACHÉ:
Para resolver este sencillo misterio, deberás ayudar a Signal a averiguar el banco emisor de su tarjeta de crédito:

Comprueba la solución introduciendo el nombre del banco, sin espacios, en Certitude:
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CÓMO SE HIZO:
Para poder ver el "Cómo se hizo" necesitarás apuntar la palabra de 4 letras que aparece grabada en en el frontal del caché.
Luego pincha en la siguiente imagen para comprobar la palabra y acceder al contenido: