Los fósiles
Son restos de organismos o de su actividad biológica que han quedado preservados en las rocas, generalmente en rocas sedimentarias. El proceso que da lugar a la producción de un fósil se denomina fosilización y, a pesar de lo que pueda pensarse, es extremadamente raro.

Tipos de fósiles y sus características
Los fósiles son necesarios para reconstruir la filogenia y evolución de los seres vivos tanto actuales como pasados. Gracias a ellos, sabemos qué organismos habitaron la Tierra hace miles de años.
Si escarbamos en las profundidades de la Tierra, podemos encontrar diversos fósiles que nos proporcionan una mirada única al pasado. Rastros de huellas, conchas o huesos que han sufrido un proceso de mineralización nos permiten saber cómo vivían los diferentes animales —y plantas— hace millones de años.
El proceso de fosilización: de orgánico a piedra Un fósil es cualquier resto o señal de la actividad de animales o plantas del pasado que quede impregnado en las rocas terrestres. Los tipos de fósiles son muy variados, ya que son muchas las señales de actividad biológica que pueden quedar marcadas: desde huellas —pasando por huesos o conchas— hasta eventos de naturaleza química.
El proceso de fosilización es el conjunto de reacciones químicas que hacen que un resto animal pueda conservarse. Aunque estos mecanismos son tan variados como tipos de fósiles que existen, en general podemos resumir la fosilización de la siguiente manera:
- Las partes blandas del animal se descomponen.
- El esqueleto o concha del animal queda enterrado bajo sedimentos —rocas sedimentarias, aquellas procedentes de la erosión que se depositan poco a poco, principalmente arcillas—.
- El resto fósil se mineraliza. En este punto, los segmentos de huesos o conchas pasan a ser materia mineral, que se conservará durante millones de años.
- El resto fósil se entierra, mientras nuevas capas de rocas van superponiéndose encima de él.
- Los movimientos geológicos o las excavaciones humanas devuelven el fósil a la superficie.

Icnitas: las huellas del pasado
Las icnitas o icnofósiles son uno de los tipos de fósiles más conocidos por los paleontólogos, los científicos dedicados al estudio de los fósiles. Estos engloban a todo tipo de huellas o rastros de presencia que hayan dejado los animales del pasado. Comprenden desde las enormes y majestuosas huellas de dinosaurios hasta los humildes rastros de paso de trilobites.
Las huellas de animales —particularmente de organismos grandes y complejos como los dinosaurios u otros vertebrados— pueden decirnos muchas cosas sobre cómo vivían. Por ejemplo, estas formaciones son capaces de darnos pistas sobre su tamaño, su peso, su forma de desplazarse y otras características.
Los paleontólogos clasifican las icnitas en diversos taxones según la forma y características del fósil. Debido a esto, existen varios tipos de icnofósiles generados por una sola especie. Este es el caso de los trilobites, que generan fósiles debido a sus desplazamientos (Cruziana), así como otros asociados a su excavación de galerías (Cheiichnus).
Macrofósiles: esqueletos convertidos en piedra
Los macrofósiles son todos aquellos fósiles que se pueden ver a simple vista. En este apartado, nos centraremos en los esqueletos y conchas mineralizadas, que son los tipos de fósiles más conocidos y espectaculares.
Existen numerosos ejemplos de fósiles de esqueletos mineralizados: los huesos de dinosaurio, restos de peces antiguos, restos de las primeras aves o mamíferos, etc. Algunos de estos huesos pueden estar increíblemente conservados, de tal forma que vemos esqueletos casi completos.
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Pseudofósiles: restos químicos de vidas pasadas
Los pseudofósiles son patrones visuales en rocas, producidos por procesos geológicos, que se asemejan a formas propias de animales o plantas. Un ejemplo clásico son las dendritas de pirolusita, formadas por óxido de manganeso, que parecen restos de plantas. Sin embargo, los científicos han demostrado que se tratan de huellas químicas producidas por bacterias.
Otro ejemplo muy conocido son los estromatolitos, formados por restos de actividad de algunas bacterias. En Groenlandia, se han encontrado estromatolitos de 3700 millones de años de antigüedad: son considerados como la primera señal geológica de la vida en la Tierra.
Fósiles vivientes: sobrevivientes de épocas pasadas Los fósiles vivientes no son restos fósiles, pero es importante datarlos para comprender la historia evolutiva de las especies. Se conocen como fósiles vivientes a todas aquellas especies vivas hoy día que también se encuentran en registros fósiles de épocas muy antiguas. Son, por tanto, animales y plantas que conservan estructuras corporales muy antiguas.

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