Según cuenta la leyenda, surcando las bravas aguas del mar Cantábrico en un barco de piedra desprovisto de remos y velas, llegó el apóstol San Bartolo hasta lo que hoy constituye la localidad lucense de Barreiros. Tal proeza motivó que fuera construida en su honor una pequeña ermita en las proximidades de la costa y que, además, se le diera su nombre a la playa a la que arribó el santo.
Hace unos años en la playa brotaba una fuente ferruginosa hoy desparecidoa por un derrumbe.