Junto a las esclusas 31 y 32 del Canal de Castilla nace el ramalillo, que arranca en el Canal y muere en la dársena de Palencia, construida a finales del siglo XIX. Aparte de la reparación y construcción de barcazas o del transporte de mercancías a la capital palentina, este pequeño ramal fue aprovechado también para el transporte de viajeros hasta Valladolid; existieron dos barcos-diligencia diarios entre las capitales.
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