En 1817, con el fin de ampliar el paseo ya existente, la Villa tomó en arriendo a cesión perpetua los terrenos de la parte superior e inferior de Los Caños para ofrecer descanso y sosiego a los bilbaínos ante el bullicio de la Villa.
En aquella época El Paseo de Los Caños estaba cruzado de sendas, tenía multitud de bancos de piedra para descansar y se dice que estaba tan tupido de chopos, álamos y robles que en verano no los atravesaba el sol.
El gran literato Miguel de Unamuno (1864-1936), que vivió en el Casco Viejo en la calle Ronda nº16, nos ha dejado escritos los recuerdos de este paseo por donde le encantaba pasear:
espléndidos hayedos, el murmullo del agua que viajaba bajo la sombra de los chopos, la Isla San Cristobal (hoy desaparecida tras haber sido arrasada por las inundaciones de 1983), el alboroto de los bañistas, el minucioso trabajo de los anguleros, las lavanderas, el molino y panadería del Pontón…
Y ya que estamos metidos en literatura os voy a contar…
La Leyenda del Paseo de Los Caños
A la entrada del paseo por Atxuri, las losas tenían grabadas dos marcas muy peculiares, tan peculiares que se formó una leyenda en su homenaje.
Una de las marcas tenía la forma de huella de un pie grande, feo y deforme, y la otra, unas diez losas paseo adentro, de un pequeño pie, delicado y sensible. Cuenta la leyenda que dichas huellas fueron impresas por un ángel y un demonio tras saltar desde la otra orilla de la ría.
- En el barrio de Bilbao La Vieja, más concretamente en la zona de La Palanca (antigua zona de burdeles y lugares pecaminosos) vivía una humilde familia que tenía una hija extremadamente bella, de unas 18 primaveras. La joven, rodeada de un entorno lleno de hombres borrachos, camorristas y de mal vivir era acosada por estos.
Eran tiempos duros y la falta de agua potable en la barriada, entre otras cosas, había afectado irremediablemente a su débil salud. Cuando la joven, con el alma en pena estaba a punto de morir rogó a Dios para que se la llevara con él. Mientras, el Diablo, pretendía que pecara y no dudaba en hacerle trampas para que cayera en ellas.
La chica irremediablemente murió y un ángel, enviado por Dios, fue enviado en su busca. El ángel la cogió en sus brazos. Dando un gran salto alcanzó el Paseo de Los Caños, posando su pie en una de las losas y cogiendo impulso voló hacia Miraflores, donde debía de emprender la ascensión.
El Diablo, que pretendía arrebatarle el alma de la joven, salió tras él e igualmente saltó hasta el Paseo, dejando grabada su huella unas diez losas atrás.
Finalmente, triunfó el bien y la joven acompañó al ángel al cielo, no pudiendo alcanzarles el Diablo, quien furioso se escondió en una cueva próxima.
Dicen que, de tiempo en tiempo, sale de ella para tentar a los más perversos.
Así, la carrera de ambos tras el alma de la joven quedó reflejada en dichas marcas del principio del Paseo. -
Según las crónicas, las huellas parecían talladas por un escultor, aunque eran naturales. Así, surgió la Leyenda del Pie del Diablo y del Pie del Angel.
Hoy en día las losas del Paseo de Los Caños permanecen enterradas bajo capas de barro y piedra a consecuencia de las inundaciones del 27 de agosto de 1983.
