
El olivo es un árbol pequeño perennifolio longevo, que puede alcanzar hasta 15 m de altura, con copa ancha y tronco grueso, de aspecto retorcido. Su corteza es finamente fisurada, de color gris o plateado. Tiene las hojas opuestas, de 2 a 8 cm de largo, lanceoladas con el ápice ligeramente puntiagudo, enteras, coriáceas, glabras y verdes grises oscuras por el haz, más pálidas y densamente escamosas por el envés.
El fruto del olivo se llama oliva o aceituna.
Existe una clara distinción en el origen de estas dos palabras: oliva procede del latín “olea” (y de donde deriva “oleum” para referirse al aceite) que, a su vez, toma el término del griego “ἐλαία” (elaía), mientras que aceituna procede del árabe “az-zaytūna” (y “az-zait” para el aceite).
Aunque la RAE fija ambos términos como sinónimos que hacen referencia al fruto del olivo, en algunos contextos sin embargo, se puede hacer una distinción entre ambos términos.
- En líneas generales, se puede decir que aceituna es el término que se utiliza para referirse a la fruta del olivo en su estado natural, antes de ser procesada para producir aceite de oliva u otros productos derivados de la aceituna. Por lo tanto, cuando se habla de aceitunas, se suele estar hablando de la fruta en su forma fresca o conservada (encurtidos).
- Por otro lado, oliva se utiliza con mayor frecuencia para referirse al fruto del olivo cuando se emplea para producir aceite de oliva. En este sentido, se podría decir que la «oliva» es la fruta del olivo en su forma procesada, es decir, la fruta que se utiliza para producir aceite.
Es importante destacar que estas distinciones pueden variar dependiendo de la región o del contexto. En algunos lugares, «aceituna» y «oliva» se utilizan indistintamente para referirse a la fruta del olivo, mientras que en otros se pueden utilizar de manera diferente. En cualquier caso, se trata de dos términos que se refieren a la misma fruta
Y tú, ¿cómo lo llamas?