Can Singala son todos los veranos de mi vida, y ahora también los inviernos, primaveras y otoños. Son mis padres y mi hermano, mis abuelos y mis tíos. Es aprender a andar, a nadar y a bucear. Es el olor a adelfa y a pino. Son las mañanas en la zodiac, las ensaïmadas de la Payeras, las siestas en el balancín y las puestas de sol en el mollet. Las excursiones a Bóquer, las salidas en paddle, las películas y las sesiones de guitarra. Can Singala es mi segundo hogar y por eso le dedico mi primer caché.
Si te acercas hasta este extremo del pueblo para encontrar el caché, puedes dar un paseo por la urbanización, saludar a los gatos y luego bajar por la calle Nuredduna hasta el mar. Desde el mollet de la barandilla blanca verás una de las puestas de sol más bonitas del mundo. Deja que el sol se esconda detrás de las montañas y observa cómo cambian los colores del cielo y del mar.
*Si te llevas el tesoro del mar del caché, por favor deja otro a cambio.