PER MANO MIA
Siglo XII. Villanúa. En medio de una tormenta de nieve, una inesperada visita hará que cambie la vida de una familia para siempre. Un baúl. Unas palomas. Un anillo. Y una niña muy despierta. Izarbe es su nombre.
Introducción
Izarbe. Con este nombre fui bautizada en la hermosa iglesia de San Adrián de Sásabe, hará más de 50 años. Ahora, cercano ya el fin de mis días, he decidido relatar los hechos que acontecieron en Villanúa cuando yo no era más que una niña y creía que mi vida transcurriría tranquila, lejos de tramas y traiciones, en mi pequeña aldea. Unos hechos que cambiarían, inesperadamente, mi vida y la de mis allegados. Quién iba a decir que empezaría mis días en un monasterio, solo para acabarlos en otro, lejos de mi hogar pero cerca de los grandes centros del saber de mi tiempo.
#3 - LOS COLORES
Durante aquellos años también nos ocupamos de buscar pajarillos y robarles los huevos, pues su clara era un valioso ingrediente con el que aglutinar los colores que fabricábamos en casa a partir de polvo de hierbas, de flores y de piedras. Con las yemas, Madre preparaba riquísimos dulces que Vizén y yo podíamos comernos cuando acababa nuestra jornada, aunque solo si Nunila no había ya arrasado con ellos.
