Atila es una raposa que, desde hace un año, merodea por los alrededores de un hotel de Vilalba e incluso despide a los clientes en la puerta principal (basado en hechos reales)

La leyenda cuenta que antes de encontrar esa estabilidad y reputación en Villalba la zorra merodeaba por las calles de Lugo sobreviviendo como podía y soñando con un futuro más prospero que al final si encontró.
Le vamos a acompañar en un día de su antigua vida por la capital lucense:
Todo empieza un dia soleado, (si vale vamos a tirar de esteorotipos, porque si no nadie leeria esto) Atila dio un paseo por Lugo como todas las mañanas intentando no llamar demasiado la atención, ella sabe que una preciosa zorra como ella no se ve todos los días y mucho gente la querria coger.
Pero tanto caminar y correr para que no la vean y la pillen, cansa muchísimo, así que como todos los días buscó algun sitio para poder comer; de repente le llega un sabroso olor.
-Madre mia que olor tan rico y sabroso, este olor seguro que mejorara mucho lo que he comido últimante.-penso Atila.
Así que, con mucho cuidado se acerco a un edificio con muchas escaleras y pensó que despues de todo el ejercicio que había hecho, por ahi no pensaba subir, así que busco una alternativa, porque ella otra cosa no, pero resolutiva y lista son sus mejores cualidades; girando un poco la cabeza ve que hay una rampa y decide meterse por ahí y encuentra un gran manjar lleno de: chorizo, panceta, queso, jamón.... todo un buffet.
Cuando ya comió lo suficiente, decidió darse un paseo para bajarse la gran comilona, volvió al punto de partida donde estaban las escaleras y mirando para ellas, le pareció bien ir hacia la derecha (menos mal que la gente estaba comiendo), así que pudo ir relajadamente.
Pasó por una puerta que tenia varias columnas y leyo que ponía: Convento de Santo Domingo, a ella esas cosas no le interesan pero lo que si le gusto es el fresquito que hacía, porque el sol pegaba muy fuerte.
Siguio caminando porque seguía sintiendo la barriga super llena y llego como a una rotonda con un gran columna en el medio.
-Que alto es esa columna, voy a sentarme haber si así dislumbro lo que hay encima.
Oh noo.... Atila se asusta muchisimo porque hay un gran aguila encima de la columna y la mira con cara de quererse comer a la pobre Atila, así que empieza a correr y como el unico sitio donde estaba a salvo era por donde vino haya se fue corriendo, se metio en la primera calle a la derecha y se escondió detras de una columna, que casualmente era una iglesia.
Pobre Atila está muy asustada... va descansar un poco para coger energías, saca un poco la cabeza y delante de ella ve unos bancos por la calle por la que vino pero ya no se atreve ir alli a descansar.
Una vez que el susto ya desaparece, decide inspeccionar un poco en la calle que se ha metido y le gusta, porque no hay casi gente, mira para ver como se llama la calle para venir otras veces: Canella do Hospital, perfecto ya esta guardado en su memoria.
Camina relajadamente unos 40 metros mas o menos, que calle mas bonita, Atila esta impresionada pero .... que es lo ve... una plaza esto si que es soprendente no se esperaba encontrar estó ahi y tiene banquitos que maravilla, porque no.... me siento un poquito para tomar un poco el sol esos bancos.... parecen tan.... comodos., si decidido voy a tomarme un largo descanso, que estas patas ya han sufrido bastante por hoy.
Después de una hora descansando plácidamente, escucha un ruido que no le está gustando ni un pelo, abre un ojo con temor y ve una gran bestia de cuatro patas y mas grande que ella que esta ladrando furiosamente y su humano no hace nada, asi que coge patas en polvorosa y sale disparada hacia el noroeste unos 40 metros más, dejando esa plaza que tan buena siesta le dió a su espalda, esta calle que encuentra es más estrecha y le brinda más seguridad.
Como no se fia de estar a la misma altura que ese mounstruo, ve un altillo que sobresale y no sabe porque pero le da buenas vibras,

si fuera en otras circunstacias lo habría subido de un salto, pero como tiene la barriga tan llena le cuesta trepar ese par de metros...mira un poco a su alrededor y se da cuenta de que ha encontrado la guarida perfecta para poder descansar hasta su proxima aventura.
Aunque Atila ya no viva en Lugo si que esta ciudad dejo una huella en ella y viceversa, por lo tanto ha dejado recuerdos también en su guarida descubierta en el día que os hemos relatado. Con un sello para que cada visitante tenga también su huella.