En un pequeño pueblo, el Puente de los 7 Ojos era conocido por su oscura leyenda: quienes lo cruzaban a medianoche nunca volvían a ser los mismos. Una noche, Juan y sus amigos decidieron desafiar el mito. Juan fue el primero en cruzarlo, pero a mitad del puente se detuvo, mirando fijamente los arcos.
Cuando sus amigos llegaron, lo encontraron pálido y temblando. Solo pudo decir: "Los ojos... estaban abiertos".
Esa misma noche, Juan desapareció. Dicen que, si pasas por el puente a medianoche, puedes verlo entre las sombras, mirando desde uno de los arcos.