En un pequeño pueblo, había un antiguo puente de piedra con una estatuilla de la Virgen en el centro. Cuentan que hace años, una joven llamada Clara desapareció misteriosamente en ese lugar, y su madre colocó la figura para proteger su memoria. Desde entonces, los aldeanos dicen que al caer la noche, se escuchan susurros pidiendo ayuda, y que, si miras demasiado los ojos de la Virgen, puedes ver el rostro de Clara hundiéndose en el río.
Una noche, dos jóvenes decidieron investigar. Al tocar la estatuilla, el aire se volvió helado, las linternas se apagaron y una figura emergió del río. Solo uno de ellos fue encontrado al amanecer, temblando, repitiendo el nombre de Clara. El otro, como ella, desapareció para siempre.