En una casa rural, había un cobertizo de leña que la familia evitaba por la noche. Se decía que un leñador murió allí en circunstancias extrañas.
Una noche, Mateo fue por leña pese a las advertencias. Mientras recogía troncos, escuchó un crujido y vio una figura en las sombras. Antes de poder reaccionar, la puerta del cobertizo se cerró de golpe, y una voz susurró: "No debiste entrar".
A la mañana siguiente, lo encontraron fuera, pálido y sin poder hablar. Nadie volvió a entrar al cobertizo desde entonces.