
En la zona de descanso de la carretera N-232, desde el invierno de 2015, se alza una obra que rinde homenaje al automovilismo Alcañizano. Se trata de unas imponentes letras con el nombre de la comarca, BAJO ARAGÓN, sobre las cuales descansan las réplicas de dos coches icónicos: una Barqueta Osella PA9 y un Renault 8 TS. Estos vehículos, que en su día rugieron por las calles de Alcañiz en el famoso Circuito Guadalope, se sostienen sobre una estructura metálica curvada que aporta dinamismo y armonía al conjunto.
Este monumento recuerda al Circuito Guadalope, el último circuito urbano de España, que acogió carreras desde 1965 hasta 2003. Fue un trazado legendario, no solo por su velocidad y exigencia, sino también por el ambiente que generaba: cada fin de semana de carreras, Alcañiz se llenaba con entre 6000 y 7000 aficionados, convirtiéndose en un referente del automovilismo nacional. En los años 70
y 80, el circuito ganó gran popularidad gracias a la Copa Nacional Renault 8 TS, una competición que dejó huella en el automovilismo español. A lo largo de los años, por su asfalto pasaron pilotos de renombre como Villamil, Carlos Sainz, Jesús Puras, Luis Pérez-Sala o Luis Carlos Maurel, entre otros.
En 1992, debido a que el Circuito Guadalope era el más rápido de España, con tiempos de vuelta incluso superiores a los de circuitos permanentes como Jerez o Montmeló, la Federación Española de Automovilismo impuso la instalación de dos chicanes en las curvas del Apeadero y del Hospital para reducir la velocidad.
A finales de los años 90, la federación empezó a cuestionar la seguridad del circuito, a pesar de que cumplía con todos los requisitos exigidos por los reglamentos nacionales e internacionales. Finalmente, se retiró la licencia para competiciones nacionales, limitándolo solo a pruebas regionales organizadas por la Federación Aragonesa. Sin esos eventos de gran nivel, los ingresos cayeron en picado y en 2004 se celebró la última edición del Premio Ciudad de Alcañiz.
El fin del circuito Guadalope marcó el inicio de un nuevo proyecto: Motorland Aragón. La necesidad de un circuito moderno y seguro impulsó la construcción de la Ciudad del Motor, que finalmente abrió sus puertas en 2009. Desde entonces, Motorland ha tomado el relevo como epicentro del automovilismo en la región, manteniendo vivo el espíritu de competición que hizo famoso a Alcañiz.