Para pasar un buen rato
con el viento y su soplar,
los árboles del camellón
decidieron ponerse a bailar,
moviendo todas las ramas
al ritmo de la canción
que acompañaban las aves
que viven en la región.
El carpintero del desierto
repiqueteaba el tambor
de un tronco tan cansado
que casi se acostó,
y en uno de sus huecos,
el caché se acomodó.