Colonia Felina
Una colonia felina controlada es aquella en la que las necesidades nutricionales y sanitarias de sus individuos están garantizadas, puesto que se lleva a cabo un programa de esterilización o castración que ha sido legalizado por la administración correspondiente, la cual se encarga también de proporcionar información a los vecinos y promover el respeto a las colonias. Cuando una colonia felina no está controlada, los gatos pueden presentar diversos problemas de salud como consecuencia de la desnutrición y también golpes o heridas, entre otros, además de que se reproducen con gran facilidad. A veces se producen también quejas vecinales debido a los marcajes (orina), los ruidos por peleas o celo, temor poblacional al contagio de alguna enfermedad (totalmente infundado según los expertos veterinarios), etc. Todo esto deriva, en ocasiones, en que se den situaciones de maltrato animal como, por ejemplo: envenenamientos, mutilaciones, golpes, etc., que, a su vez, también ocasionan la indignación de particulares y colectivos preocupados por el bienestar de los animales.
Por el contrario, las colonias felinas controladas suponen una integración de los gatos en el entorno que comparten con la ciudadanía. Los problemas de marcaje, ruidos y sobrepoblación quedan solucionados, y la información proporcionada a la ciudadanía contribuye a crear un ambiente de respeto hacia estos animales y, por tanto, una convivencia pacífica.