En la calle Altamirano, donde el tiempo se detiene,
al recordar los relatos de este célebre escritor,
un viejo árbol se alza, y muestra su ojo visor.
Quiere admirar a los niños y reconocer su voz
para darles la bienvenida y enseñarles su verdor.
Algunos se acercan curiosos y encuentran su ojo visor
para otros pasa desapercibido, y siguen con su clamor.
Adéntrate en este parque y busca el árbol que logró
que la reja le hiciera un hueco para jugar desde el rincón.