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Aquí me hayo, escondido tras las faldas una mujer y una niña, estaba tomando un trago de ron tranquilamente en una taberna local cuando la Guardia del Rey apareció en la plaza en mi busca con intenciones nada amigables, alguien me ha delatado a cambio de unos pocos reales, hay una recompensa si la información lleva a mi captura o a la recuperación del tesoro.
He conseguido escapar de la taberna, pero están cerca, he de salir de aquí tan rápido como mi pata de palo me lo permita, veo "La Cruz", señal de salvación y decido ir en su dirección, continúo recto hasta un cruce de caminos, muy al fondo en la hierba veo una muchedumbre, la mayoría descamisados, sin duda son esos rufianes que antes decían ser mi tripulación, si es que se puede llamar tripulación a esa chusma, si bien no les puedo culpar pues me llevé el botín de nuestros últimos saqueos y los abandoné a su suerte, aunque ya antes de eso sabía de sus intenciones para amotinarse contra mí, ahora van también en mi busca para recuperar el botín.
Vienen hacia aquí, la guardia real está tras de mi, esos mequetrefes piratas delante, tengo dos opciones; izquierda o derecha, decido seguir por mi siniestra hacia unas vallas blancas, tras ellas veo unas construcciones de madera que me recuerdan al castillo de popa y las garfias de mi antiguo bergantín. Como añoro mi navío, la mar y la sal en el rostro. de nuevo a mi izquierda veo un camino de baldosas que decido seguír.
Al final de este camino diviso nuevas estructuras como las que dejé atrás, no las sigo pues puedo oir con claridad las voces de los hombres del Rey en mi busca, sin embargo a mi diestra veo unas escaleras que suben, quien sabe si me llevarán a la libertad o al cadalso. Subo de mala manera por culpa de esta pata de palo del demonio y al llegar arriba veo como los piratas, que me han visto, vienen directos a por mi desde mi derecha, continúo la huída en dirección contraria, tropezando con esta pata que se me astilla según golpea los adoquines, al final de esta calle solo hay campo sin un refugio donde esconderme, estoy perdido, me apoyo en una verja metálica que hay a mi derecha y tomo una decisión, quizás me atrapen, pero no se llevarán lo que queda del botín.
Sigo la valla y cuento los pasos, cuando llego a trenta y cinco veo un par de tocones que bien podrían ser usados para mi ejecución, pero no me resigno a acabar descabezado como esos árboles, saco el botín, lo camuflo como puedo, y lo dejo ahí, a la vista de todos, pero a la vez, a la de nadie. ¿Será la última vez que vea mi preciado tesoro?, o más bien, lo que queda, al menos he dado buena cuenta de él, ¡Ja ja ja! Ya apenas queda ron en el pueblo gracias a mi. Lo miro por última vez y emprendo de nuevo la huída, esta vez, simplemente para salvar el pellejo.
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