Al caer la noche en Tres Cantos, un cruceiro se erige en la penumbra donde las sombras susurran secretos olvidados y la Vía Láctea se extiende en el cielo como un camino de estrellas, recordando que el Camino de Santiago en su esencia es una senda que conduce hacia lo divino.

La leyenda habla de una reliquia dejada en su base por un peregrino herético. El peregrino era devoto de una deidad viscosa, un ente ancestral con cuernos retorcidos, una boca voraz que devoraba todo a su paso, recordando las plagas bíblicas que aniquilaban cosechas, y un caparazón que brilla con un fulgor extraño. Este ser hermafrodita, que se desliza con una lentitud inquietante, acecha en la oscuridad, camuflado en la piedra, esperando ser descubierto por un alma digna. Con cada paso, se siente la presión de miradas invisibles que advierten de un destino oscuro, mientras la emoción de la búsqueda impulsa a seguir.
Cuando inspecciones el cruceiro, notarás detalles sutiles que podrían revelar la ubicación de la reliquia. La atmósfera se volverá densa, y sentirás una baba fría deslizarse por tu piel, como si la deidad misma se hubiera materializado, acechando en las sombras. Comprenderás que recuperar el objeto no es solo un viaje físico, sino un descenso a la locura. ¿Te atreverás a seguir adelante, o te detendrás antes de que sea demasiado tarde?
Fijate al pie y veras un año ABCD, si tomas este número podrás hallar la ubicación que andas buscando. Pero ten cuidado solo los mas intrepidos podrás dar con él. Toma los números, ya estas cerca N 40° 36.(15*D+1)′ W 3° 42.(AB*36+C*10)′