Caché EL CIGÜEÑAL
Cache tradicional escondido junto al camino de La Calzada Nueva (o Calzanueva como se conoce en el pueblo) entre San Martín y Arroyo Muerto, ahora San Miguel de Robledo. Aquí verás uno de los últimos cigüeñales que quedan en el pueblo de San Martín del Castañar.
En esta zona, casi todas las fincas tenían su pozo para regar las huertas de los paredones y sacar agua. antes de que llegaran las bombas de extracción a motor (o "motores", como decían entonces), el agua se subía con cigüeñales: una larga pértiga de madera de roble o castaño, contrapesada con una piedra de granito en el extremo inferior, a la que se ataba una caldereta o cubo de metal. Ese cubo se llevaba al pozo agarrando la pertiga, se acariciaba el agua hasta que comenzaba a entrar y al llenarse se sacaba con la fuerza de los brazos, una y otra vez hasta regar todo el huerto
Era un trabajo duro:
había que levantarse al alba (porque en verano hace un calor de justicia) y hacer correr el agua por los surcos en cada paredón. Se cerraban y se abrían surcos para que entrase o saliese el agua según las nesesidades, usando "legones" (azadas), trapos para taponar (pantalones viejos, camisetas...) y tierra. Era toda una obra de ingenieria rural de diseño de surcos, a base de experiencia y paciencia. Fíjate también en los muros (paredones), todos hechos a mano y sin cemento...
Tras la llegada del "motor" por los años 80 todo cambió:
el riego se volvió más rápido y eficaz. pero el sonido del amanecer tambíen cambió. De escuchar pñajaros y agua corriendo se paso al zumbido constante de motores, mientras estos mismos paredones se llenaban de patatas, vainas, berenjenas, lechugas y tomates, fresas, ciruelas, cerezas y toda clase de cultivos de temporada. En San Martín, mi madre que no era del pueblo, decia que era la mejor fruta y la más dulce que ha comido jamás.
Actualmente las fincas se van perdiendo por la falta de habitantes. Ahora llenas de maleza y con los caminos casi cerrados, solo quedan unas pocas que a duras penas mantienen los habitantes que residen durante todo el año. Antes cuando paseabas por la carretera (que antes era muy común, el paseo matutino y de la tarde), se veía a los lugareños con cestas y al cabrero con sus cabras, la carretera era un lugar de encuentro y los Peñascales (esas piedras de granito que se ven justo en frente, en la carretera, a los que no se puede acceder porque la bionda lo impide) un lugar para sentarse a la "fresca" a ver el atardecer con la Peña de Francia y San Martín al fondo.
Respeto:
respeta el lugar, no hace falta quitar las piedas del muro, el caché está en su base. No es necesario entrar en la propiedad, ni forzar nada para encontrar el caché. Gracias por visitar este rincón de la Sierra de Francia!
Dedicatoria:
Este caché es un recuerdo a mis abuelos, Pura y Ricardo y Eugenia y Celso que con tanto tesón y esfuerzo trabajaron la tierra.