Hay caminos que no se hicieron para correr, sino para marcar, orientar y recordar.
Siguiendo la caña, símbolo humilde del territorio, esta ruta discurre entre ermitas y campos abiertos, donde hemos descubierto algo singular: una alineación de antiguos mojones de piedra.
Estos mojones, algunos con grabados que recuerdan a los primeros símbolos del escudo de Alcañiz, podrían datar de finales del siglo XIX (hacia 1860). Probablemente señalaban antiguos límites de caminos o términos, en una época en la que la piedra marcaba acuerdos y fronteras.
Hoy forman una línea casi invisible, que solo se revela a quien camina despacio.
Esta serie de cachés sigue ese rastro: la caña, el camino y la memoria grabada en piedra.
Bienvenidos a la Ruta de la Caña.
Aquí no se corre: se observa