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EL BOCAL
Recibe
el nombre de Bocal de Fontellas el comienzo del Canal Imperial de
Aragón, en NavarraEn Navarra, al sureste de la villa de Fontellas y
entre el río Ebro y el Canal Imperial, se halla el poblado de El
Bocal, formado en el último tercio del siglo XVIII. Se encuentra
también el Palacio de Carlos V, siendo éste edificio una vieja
fábrica del siglo XVI, aunque muy transformada, en especial en su
fachada principal, en el siglo XIX. Se concibe como un sólido
bloque de ladrillo con un primer cuerpo de sillería y otros dos de
ladrillo, cuya fachada principal presenta dos torreones y entre
ellos una galería de arcadas inferior y otra de remate, en un plano
posterior. Está rodeado por unos agradables jardines con estanques
y estatuas. Una de éstas es un busto masculino de finales del siglo
XIX, que aparece sobre un capitel de retorcida hojarasca, también
de la época. Junto al Palacio de Carlos V, se localiza una iglesia
neoclásica de finales del siglo XVIII. Su fachada principal tiene
un bloque central con una puerta neoclásica de piedra, adintelada y
con un frontón triangular sobre ménsulas. Encuadran la fachada dos
cuerpos
El Canal Imperial de Aragón una de las obras de hidraúlica más
importantes de Europa, es un canal de riego y de navegación
construido en el último tercio del siglo XVIII entre Fontellas
(Navarra) y Zaragoza. Su construcción tenía por objeto mejorar el
regadío de la antigua Acequia Imperial de Aragón, llevando el agua
del río Ebro hasta Zaragoza y permitiendo extender el regadío en la
ciudad. Así mismo estableció un servicio de transporte de viajeros
y mercancías entre Tudela y Zaragoza. El plan fue diseñado durante
la Ilustración para construir canales en España a semejanza de
Inglaterra y Francia (plan utópico ya que no tenía en cuenta el
coste real de las obras por las extremas condiciones naturales de
España, que lo hacían inviable). Según este plan, el Canal
proyectado en el siglo XVIII, tenía dos aspiraciones:
Salvar los meandros y azudes del tramo medio del Ebro, haciéndolo
navegable, el Ebro se comunicaría con el océano Atlántico por los
ríos Zadorra y Deva (Guipúzcoa) o bien por Laredo (Cantabria), con
el Duero por el Canal de Castilla, y con el Mediterráneo por el
Canal de Amposta.
La vieja idea aragonesa de conseguir una salida al mar que le
permitiera exportar directamente sus productos, principalmente
agrícolas.
De todo este proyecto, sólo se llevó a cabo una parte, con
cuantiosas inversiones y obras adicionales, realizada
principalmente por Ramón Pignatelli y Moncayo, por orden del conde
de Floridablanca entre 1776 y 1790, quien en esos años acabó el
gran acueducto del rio Jalón, el cauce hasta Zaragoza, el puerto de
Miraflores, las principales dependencias de la empresa, el azud de
El Bocal, multitud de puentes y almenaras, las esclusas y molino de
Casablanca, y siete esclusas más para la navegación aguas
abajo.
La traída del agua a Zaragoza por el Canal Imperial tuvo como
consecuencia principal una reforma agraria llevada a cabo también
por Pignatelli. Su incidencia social se produjo gracias a la
ampliación de la extensión del riego que permitió a todos asegurar
y regularizar las cosechas evitando las crisis de subsistencia o de
alimentos, muy corrientes en la época. También permitió poner en
cultivo y repartir tierras incultas.
En cuanto a la navegación, el otro objeto del Canal, nunca se
cumplió plenamente ya que el cauce no se alargó más allá de
Zaragoza. En el siglo XIX se intentó prolongar el cauce hasta
Tudela y construir esclusas en Zaragoza para comunicarlo con el
Ebro, pero esta idea por los altos costes, no llegó a
realizarse.
La navegación del Canal, que ha perdurado hasta hace poco, fue
establecida por Pignatelli. Comenzó a funcionar en 1789 y ofreció
un servicio de transporte de mercancías y viajeros. La existencia
de aduana entre Navarra y Aragón dificultó el tráfico interregional
de mercancías; no obstante, el Canal cumplió con efectividad su
mermado papel de vía de comunicación comarcal. El tráfico alcanzó
un cierto volumen en los últimos años del s. XVIII pero quedó
cortado a causa de la guerra de la Independencia. A mediados del s.
XIX ya se había recuperado, pero el establecimiento en 1861 del
nuevo ferrocarril Zaragoza-Alsasua, con un recorrido paralelo al
del Canal, hundió el tráfico. La construcción de otras líneas de
ferrocarril hicieron perder fuerza a las ideas de prolongar el
canal y hacer navegable el Ebro; no obstante, ninguna de las dos
desapareció.
Muy
recomendable la visita.
Ydeal
para ir con niños
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