
La encina y el roble se diferencian por tener sus frutos o
bellotas sostenidas por pedúnculos respectivamente sentados y
alargados . La encina es un árbol ramoso con tronco macizo, las
hojas ovoides, alargadas, dentadas. Su madera es compacta, dura,
pesada y de color más oscuro que la de los robles. Hay varias
especies de encina, todas, más o menos, útiles .y que pueden
reunirse en 4 grupos: roble común, melojo, encina común, chaparra.
(Véase también el "Haya"). La Q. ilex, L., se llama también "encina
verdadera". La Q. infectoria, Willd., produce la "agalla de
levante" o "nuez de agalla".

En las ramas de las diferentes especies de encinas se forman las
agallas, que son unas excrescencias producidas por la picadura de
ciertos insectos del género Gynips o Diplolepis gallae tinctoriae,
L. Las bellotas, por su parte, contienen féculas, aceite graso,
resina, goma, tanino, legumina, sales de potasio y calcio, alúmina
y quercita. Son amargas.
Los turcos y árabes fabrican con ellas un licor agradable,
llamado palamond: primero las entierran por algún tiempo para que
pierdan su sabor amargo; luego las sacan y tuestan y mezclan el
polvo con azúcar y aromas.
Este árbol contiene la mayor proporción de tanino entre todas
las plantas que se aplican al curtido de pieles. El tanino se
produce de lo que la gente conoce con el nombre de casca o corteza
interna. La casca se aprovecha durante la época del movimiento de
la savia. Las recogidas en otoño suelen dar un 4 por ciento de
tanino, las recogidas en primavera llegan a tener un 6 por
ciento.

¿Y qué os vamos a contar que no sepáis de un buen jamón de
bellota...?

Las agallas de la encina constituyen un excelente tónico
hemostático y un astringente poderoso, pero esto según la
procedencia. Se emplean para combatir la hemorragia del tubo
digestivo y las producidas por hemorroides, para modificar las
úlceras atónicas, etc. También se fabrica una excelente pomada
astringente contra las hemorroides, heridas, úlceras, golpes, etc.,
llamada "virginal" o "de Fernel".

La corteza de la encina es astringente y se ha recomendado como
febrífuga. Se conoce una mezcla de corteza de encina, de manzanilla
y de genciana, conocida por "quina francesa"; pero ella se reserva
especialmente para uso externo, en polvo o cocimiento, contra
llagas gangrenosas o las producidas por estar mucho tiempo en cama,
y también en gargarismos, contra la angina crónica o gangrenosa; y
finalmente, en forma de baño, contra los infartos glandulares,
úlceras escrofulosas, contusiones, o bien. fiebres intermitentes en
los niños.
Corteza machacada, es excelente contra la leucorrea, la tisis
pulmonar v diarreas serosas. La corteza tierna de las ramas,
cortada en pedacitos y puesta a cocer durante media hora, produce
un líquido que fortalece los intestinos; y, usada en baño,
fortalece y entona. Este cocimiento sirve también para aliviar los
dolores cancerosos del estómago y los de cabeza. No hay gargarismo
mejor contra las úlceras de la boca y dolores de las encías. Es
bueno este cocimiento contra las inflamaciones internas y contra
las ventosidades.
OBSERVACIONES:

La corteza de esta planta se debe usar con mucha prudencia, ya
que produce una contracción fibrilar tan pronunciada, que en el
estómago causa una especie de crispación fatigante y dolorosa. La
corteza de la encina, cocida en vino y azúcar, es buena contra la
debilidad del pulmón. También en combinación con ajenjo y cola de
caballo, en dosis de una taza grande diaria en 2 porciones. En
lugar de azúcar, se puede poner, con superior ventaja, miel de
abejas.

Las bellotas de encina, tostadas y pulverizadas, puestas en
infusión con agua —en proporción de 30 a 60 gr por
litro— producen un licor tónico que conviene en algunas
dispepsias, en las afecciones ascrofulosas de los niños, infartos
abdominales y tuberculosis mesentérica. Con las bellotas tostadas
en fábrica se confecciona un excelente café especial —de
mucho uso en Alemania— que sirve como tónico o fortificante
para niños o personas de constitución débil. También previene las
diarreas. Las hojas de encina se usan en infusión o cocimiento en
vino tinto y un poco de miel, para gargarismos y enjuagues bucales,
contra el dolor de muelas, en el reblandecimiento de las encías y
de la campanilla, y en la angina crónica.