
Monumento al maestro en Alcaraz
Andrés de Vandelvira (1505-1575) es el arquitecto más destacado de cuantos trabajan en el siglo XVI en Jaén y uno de los tres nombres fundamentales dentro de la arquitectura del Renacimiento en Andalucía, junto con Siloé y Hernán Ruiz II y, por tanto, en la primera línea de la arquitectura española de su época.
Nacido en Alcaraz (Albacete), donde comienza su carrera como simple cantero, pronto de la mano del que será luego su suegro, Francisco de Luna, se traslada a Uclés (Cuenca), sede del convento de la Orden Militar de Santiago, en la que Luna gozaba de gran predicamento como maestro cantero. Allí tendría ocasión de tomar contacto con el primer Renacimiento, muy decorativo, el llamado “plateresco”. Enseguida se traslada hacia el sur para fijar su residencia en Villanueva de los Infantes, sin duda por razones de trabajo relacionadas con la iglesia parroquial de San Andrés de aquella localidad. Desde allí y en compañía de Luna recorre las villas de la Sierra de Segura, dominios de la orden santiaguista, para reparar y proyectar iglesias parroquiales en Hornos, Segura y Orcera.
Este primer contacto con territorio jienense lo consolida pronto al establecerse en torno a la mitad de 1530, casado ya con Luisa de Luna, en Villacarrillo, primer hogar familiar y donde adquirió diversas fincas a lo largo del tiempo, así como la fundación de una capellanía en la iglesia parroquial, por lo que Villacarrillo será ya el solar para sus descendientes, sus siete hijos. La construcción del templo sería de nuevo la causa de su afincamiento. No obstante desde el primer momento de su llegada simultaneaba su trabajo con encargos en lugares de la comarca, como Sabiote y, sobre todo, Úbeda, la próspera ciudad de Francisco de los Cobos a cuyo reclamo para la edificación de la Capilla de El Salvador acude en 1536 para hacerse cargo de las obras proyectadas por Diego de Siloé, pero con originales aportaciones suyas a partir de 1540 como la sacristía y las portadas laterales.

Sacra Capilla del Salvador en Úbeda
A partir de esta obra y de estas fechas el compromiso con las empresas constructivas de Cobos en Úbeda y los nuevos dominios adquiridos, Sabiote, Cazorla o Torres, entre otros, ligarán a Vandelvira con la ciudad a la que acaba trasladándose sin cerrar nunca la casa de Villacarrillo. Su creciente prestigio le lleva a ser requerido por distintos comitentes de la nobleza como Diego Valencia de Benavides, para quien traza y construye su capilla funeraria, capilla mayor del convento de San Francisco de Baeza y a continuación otra intervención similar en la iglesia conventual de La Guardia, para los Señores de esta Villa cercana a Jaén, don Rodrigo Mecí y doña Mayor de Fonseca, y en la que se perfilan los elementos arquitectónicos que aparecerán en la catedral de Jaén.

Catedral de Jaén
En efecto, a partir de 1553, en plena madurez, firma contrato como Maestro Mayor de la catedral y diócesis de Jaén, que pone en su mano no sólo el levantamiento y dirección del templo metropolitano de la diócesis, sino también el control de todas las demás obras eclesiásticas, entre las que estaba también la continuación de la catedral de Baeza. Esta etapa, última de su vida, será la de mayor éxito y reconocimiento. Simultaneó la maestría de Jaén con la de Cuenca, caso insólito, siendo requerido para informes y pareceres por las catedrales de Sevilla, Guadix y Málaga, donde realizó una maqueta para la continuación de la obra y todo ello sin abandonar obras de carácter civil, públicas y privadas, que comprenden desde las Casas de Corregimiento de Baeza al palacio de Juan Vázquez de Molina, en Úbeda, pósitos y puentes para terminar al final de su vida con una obra excepcional como el Hospital de Santiago de Úbeda, por encargo del obispo Diego de los Cobos.

Hospital de Santiago en Úbeda
ANECDOTARIO Y CURIOSIDADES
En la biografía de Andrés de Vandelvira llama la atención la cantidad de lugares en que trabajó y la distancia entre ellos. El maestro se movió en una amplio zona que iba desde Cuenca, al norte, hasta Sevilla, Málaga o Guadix, al sur. Tuvo su centro en el eje Jaén-Úbeda, pero sorprenden los muchos kilómetros recorridos en un tiempo relativamente corto teniendo en cuenta el medio de transporte, a lomos de caballería.
Este hecho está vinculado a su enorme capacidad de trabajo. En su testamento recalca con orgullo y sentido de justicia la separación entre los bienes aportados por su mujer al matrimonio y los que él aportaba, "cien mil maravedíes que yo había ganado", y luego precisa que las fincas y los frutos que guardaba en las cámaras de su casa en Vicarrillo eran "ganado y adquirido por mi industria y trabaxo después del fallecimiento de la dicha Luisa de Luna, mi muger, y así son bienes mios y por cierto y adquirido con el trabaxo de mi persona".
De su sentido de la justicia da cuenta también la cláusula en su testamento del reparto de los bienes entre sus hijos: "que todos mis hijos sean igualados, de manera que mis bienes lleve tanto el uno como el otro conforme a las declaraciones… porque mi intención y voluntad hes de no agraviar a los unos más que a los otros y que si no pudieren ser iguales con lo que tienen recebido los que estén casados que vuelvan a los otros lo que demás olieren, de manera que todos queden iguales y ruego y encargo a todos mis hijos que tengan entre sí amor como el deudo les obliga".

Busto de Andrés de Vandelvira
Igualmente entre sus compañeros de oficio gozaba de fama de hombre justo, como pone de relieve el cantero Diego Gómez cuando no satisfecho con la cantidad en que se tasaba una fuente que hizo en Villacarrillo, pone por tasador de su parte a Andrés de Vandelvira, lo que motiva la siguiente pregunta por parte de la justicia a otros testigos: "...e si saben que el dicho Andrés de Baldelvira es uno de los más ábiles maestros del dicho oficio de cantería destos reynos e de muy buena conçiencia e por cuya mano pasa la mayor parte de las tasaciones de todas estas comarcas".
Otro episodio de su juventud, trabajando en el convento de Uclés, revela no ya su sentido de la justicia, sino la valentía en la defensa de sus principios. Ocurrió que un buen día el juez Tomás de Ribera se presentó en el convento en busca de unos malhechores que decía se habían refugiado allí, ante la oposición del portero a que pasara, por tratarse de una jurisdicción sacra. El juez siguió adelante y, en la segunda puerta, se enfrentó al religioso encargado de las obras, amenazándolo con apresarlo si se resistía. Entonces hace su aparición el joven Vandelvira, que en calma y con respeto le advierte que el portero tenía orden de no dejar pasar ni al mismo emperador. La respuesta del juez fue instar al fraile a que le diera 200 bastonazos en castigo al atrevido cantero, quien al final se vio humillado haciéndosele montar sobre un burro y pasear por la villa al modo de los procesados por la Inquisición.
De los siete hijos que tuvo, seis varones y una hembra, el más fiel seguidor de la profesión fue su primogénito, Alonso. También lo fueron en principio el tercero y el sexto, Francisco y Cristóbal, pero Francisco murió pronto y Cristóbal entró en religión. El cuarto, Pedro, presbítero y beneficiado de la Colegiata de Castellar, fue el primer capellán de la capellanía fundada por el padre. Juan, el quinto, estudió en Baeza y, del menor, Bernardino, sólo sabemos que era el patrono de la capellanía en 1620. La hija se llamó Catalina de Luna.
El contenedor se ha sustituído por un NANOCACHÉ, así es que no olvidéis artilugio impresor. Y localizad las coordenadas en el mapa: es lo más preciso.