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El Espinillo III: Conservatorios de Música y Danza Traditional Cache

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familiaRJ: Pasa a mejor vida. Gracias por las visitas.

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Hidden : 9/11/2013
Difficulty:
1.5 out of 5
Terrain:
1.5 out of 5

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Conservatorios Victoria de los Ángeles (Música) y Carmen Amaya (Danza)

El Conservatorio Profesional de Música se inauguró en el año 2002.Durante el curso 2004-05, los miembros de la comunidad escolar decidieron escoger el nombre de Victoria de los Ángeles para representar y dar personalidad a nuestro Centro. El afán de superación de esta gran artista, la continua lucha por dedicarse a su pasión -pese a las dificultades que tuvo que afrontar al inicio de su carrera, por sus orígenes humildes-, la relevancia de su proyección internacional, su legado discográfico y, sobre todo, su reconocida calidad humana, fueron factores decisivos que nos impulsaron a escoger la figura de Victoria de los Ángeles como símbolo de nuestro Conservatorio.

Victoria de los Ángeles  (Barcelona, 1 de noviembre de 1923 – 15 de enero de 2005).

Su nombre completo era Victoria de los Ángeles López García. Victoria de los Ángeles siempre reconoció su origen humilde. Descubrió su vocación musical muy joven, y ganó diversos concursos de canto internacionales, en especial el festival de Ginebra.

Estudió en el Conservatorio Superior de Música del Liceo, donde se graduó en sólo tres años, en 1941 cuando contaba 18 años de edad. Ese mismo año realizó su presentación operística en el Gran Teatro del Liceo para proseguir luego con sus estudios.

En 1945 hizo su debut profesional con el papel de la Condesa en Las bodas de Fígaro, de Mozart. Después ganó el primer premio en el concurso internacional de Ginebra de 1947. En 1948, interpretó en Londres La vida breve, de Manuel de Falla, acompañada por la orquesta de la BBC.

En 1949 interpretó en la Ópera de París el papel de Marguerite en la ópera Fausto. En 1950 debutó en el Festival de Salzburgo y en la Royal Opera House; fue la Mimi de La Bohème en el Covent Garden londinense, teatro en el que siguió actuando de forma regular hasta 1961.

Fue muy apreciada en el Teatro Colón de Buenos Aires entre 1952 y 1980-en el primer coliseo argentino debutó como Madama Butterfly y se la recuerda por su actuación en Manon, Werther, El barbero de Sevilla, Pelléas et Mélisande, Las bodas de Fígaro y Lohengrin junto a Christa Ludwig- y en la Scala de Milán entre 1950 y 1956.

Actuó por vez primera en los Estados Unidos en octubre de 1950 con un recital en el Carnegie Hall. En marzo del año siguiente, hizo lo mismo en el Metropolitan Opera de Nueva York y cantó regularmente con esa compañía hasta 1961. En sólo tres años y sólo siete después de su debut, ya había cantando en los teatros más importantes del mundo.

Fue la primera cantante española en actuar en el Festival de Bayreuth (1961 y 1962). Interpretó el papel de Elisabeth, de Tannhäuser, a las órdenes del nieto de Richard Wagner, que quedó tan impresionado con su actuación que volvió a invitarla al año siguiente.

Desde finales de los 60, Victoria de los Ángeles se dedicó principalmente a su carrera como concertista. Es muy destacable la atención y la especial sintonía que siempre dedicó al lied, en el que brilló con luz propia, para asombro de los alemanes. A pesar de ello, siguió realizando algunas apariciones en la ópera (Carmen y Pelléas et Mélisande): su despedida de la ópera fue en el Teatro de la Zarzuela de Madrid en 1980, precisamente con el papel de Mélisande. Dio su último recital en 1996, a los 72 años.

Preciosa voz de soprano lírica (o lírica spinto, como ella misma se consideraba), poseedora de un timbre inconfundible, supeditó siempre el lucimiento personal a las exigencias y el espíritu de la partitura. Los críticos coinciden en afirmar que la voz de Victoria es una de las más exquisitas y delicadas que haya dado el siglo XX. Sin poseer la belleza tímbrica de Tebaldi ni la fuerza dramática de Callas, era un compendio de una y otra. Siempre se señaló que sus agudos eran algo tirantes y metálicos, algo que tenía como contraprestación la posibilidad de cantar papeles de mezzosoprano, como Carmen o la Rosina de (El Barbero de Sevilla). Fue sin duda una de las más grandes artistas que ha dado la ópera.

En 1980 recibió el Premio Nacional de Música de España, en 1982 la Medalla de Oro de la Generalidad de Cataluña, y en 1991 se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes.

 

Carmen Amaya Amaya (Barcelona, 2 de noviembre de 19171 - Bagur, Gerona, 19 de noviembre de 1963)

Carmen Amaya es uno de los íconos del baile flamenco. Revolucionó el baile que se hacía en ese momento. También cantaba, pero sus dotes de bailaora acabaron eclipsando su faceta como cantaora. No aprendió a bailar en ninguna academia, sino que aprendió de su entorno cercano. Su escuela fue la calle, en la que cantaba y bailaba para ganar algo de dinero. De la calle pasó a los teatros y de allí a los grandes escenarios de Madrid, en una ascensión meteórica, con un estilo y unas maneras nunca vistos.

Desde pequeña se le puso el mote de La Capitana, cuando se inició en el flamenco acompañando a su padre, debutando con sólo seis años ante el público en el restaurante de Barcelona Les Set Portes y poco tardó en dar un gran salto para actuar en París con gran éxito, en el Teatro Palace. Bailó desde muy joven con figuras ya muy populares y reconocidas como Raquel Meller o Carlos Montoya.

Trabajando en Barcelona en el escenario de La Taurina fue descubierta por el crítico Sebastián Gasch, quien escribió un artículo sobre Carmen muy elogioso, y le reportó reconocimiento general por su talento como bailaora.

    En 1923, con sólo 10 años, llegó a Madrid, para bailar en el Palacio de la Música también de forma exitosa e iniciar al año siguiente una gira por toda España formando parte de la compañía de Manuel Vallejo. A su regreso a Barcelona bailó en el Teatro Español, recomendada por José Cepero.

En 1929, figuraba en el cartel del Colmao Villa Rosa, que regentaba, en Barcelona, Miguel Borrull, y, en 1930, actúa en la Exposición Internacional. La contrata el empresario Carcellé para una gira en la que recorre varias capitales, entre ellas San Sebastián, en 1935, presentándola en Madrid, Luisita Esteso, durante un espectáculo en el Coliseum. „“ El mismo año trabaja en los teatros madrileños de La Zarzuela, con Conchita Piquer, Miguel de Molina y otros destacados artistas, y en el Fontalba. También es escogida para actuar en la película La hija de Juan Simón, con Angelillo, y toma parte, en Barcelona, en una revista musical.

Después de su interpretación en la película María de la O, comienza una nueva gira por las provincias españolas. La Guerra Civil Española la sorprende en Valladolid y obliga a que la compañía se traslade al extranjero.

Después de actuar en Lisboa, salta el charco con su equipo, el cual incluye otros interpretes y a su padre y al Pelao Viejo. Se presentan en Buenos Aires, donde debuta en compañía de Ramón Montoya y Sabicas, en el Teatro Maravillas con un enorme éxito. Tuvieron que intervenir las fuerza de orden público, y también los bomberos; en el segundo día de actuación para poder mantener el orden en las taquillas.

Se mantiene en ese teatro por un año, y después de eso realizó una gira por toda las ciudades del interior de Argentina, para regresar a Buenos Aires y al mismo escenario. Todo esto tomo cuatro meses.

Cuando comenzó la Guerra Civil abandonó España y viajó por todo el mundo paseando su arte: Lisboa, Londres, París, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, México, Uruguay, Venezuela, Nueva York. Ciudad después de ciudad se rindieron ante su baile, de forma que cuando en 1947 decidió regresar a España era ya una estrella internacional, un status que conservó hasta su muerte en 1963.

Desde finales de 1936 a 1940, se suceden sus actuaciones en Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Colombia, Venezuela, Cuba y México, donde, en 1940, simultaneaba sus actuaciones en el Teatro Fábregas con las del tablao El Patio.

Durante esta etapa de su vida artística, en la que une a su grupo artístico a varios miembros de su familia, realizó películas en Buenos Aires junto a Miguel de Molina y fue admirada por los músicos Arturo Toscanini y Leopold Stokowsky, quienes hicieron de ella públicos elogios.

En 1941 viaja a Nueva York, y actúa en el Carnegie Hall, en el que sólo actúan artistas de prestigio principalmente con espectáculos de música o ballet clásico, en unión de Sabicas y Antonio de Triana. Como anécdota, es destacable decir como Carmen, que se alojaba en el Waldorf Astoria, el mejor hotel de Nueva York, aprovechó que en uno de los paseos que daba por la ciudad encontró una pescadería con sardinas, de las que compró varios kilos. Esas sardinas fueron asadas en la Suite Imperial del hotel, quemando "un par de mesillas" valoradas en más de 900$ cada una ya en aquella época.

El entonces presidente de los Estados Unidos, Franklin Roosevelt, la invita a actuar en una fiesta en la Casa Blanca. También Roosevelt le regala una chaqueta bolera con incrustaciones de brillantes.

Carmen fue portada de multitud de revistas y la admiraron los más famosos astros del cine y el arte. Desde 1942 en Hollywood, se convierte en una de las atracciones más grandes. Interpretó una versión de El amor brujo de Manuel de Falla, en el Hollywood Bowl, ante veinte mil personas, con la Orquesta Filarmónica.

Intervino en un gran número de películas y grabó para diferentes compañías discográficas.

Vuelve a Europa y se presenta en el Teatro de los Campos Elíseos de París, para hacerlo más tarde en Londres y en teatros holandeses, desde donde pasa a México y después otra vez a Nueva York y Londres, para seguir por Sudáfrica y Argentina, retornando a Europa.

Cuando Carmen Amaya volvió a España en 1947 era ya una figura mundial indiscutible. Los largos años americanos le habían servido no sólo para asentar firmemente su arte, sino también para que su leyenda creciera imparable. Se contaban de ella ya, y se han seguido contando después, cosas que parecen difícilmente creíbles. Y sin embargo pudieron ser ciertas, al menos algunas de ellas, dada la calidad humana de esta genial gitana. Comenzaron a circular en torno a su sorprendente personalidad las más peregrinas historias imaginables.

Después de que ella regreso a España, reapareció en el Teatro Madrid, con el espectáculo titulado Embrujo español.

Obtiene un resonante éxito en el Princess Theater londinense en 1948, y en su siguiente gira por América, recorre Argentina en 1950. Al año siguiente vuelve a bailar en España, presentándose en el Teatro Tívolí de Barcelona, después de varias actuaciones en Roma. Continúa actuando en Madrid, París, Londres, y diversas ciudades de Alemania, Italia y otros países europeos. En Londres, le felicita la reina inglesa, y aparece en la prensa una fotografía con el siguiente texto: «Dos reinas frente a frente». La Europa del norte, Francia, España, Estados Unidos, México y América del Sur son los itinerarios que sigue con su elenco en los años siguientes. En 1959, alcanza un gran triunfo en el Westminster Theatre de Londres y en el Teatro de La Zarzuela de Madrid, inaugurándose en Barcelona la Fuente de Carmen Amaya en medio del homenaje popular; con este motivo celebra una función benéfica en el Palacio de la Música, que registró el mayor lleno de su historia. Su última película fue Los Tarantos de Francesc Rovira-Beleta. Reclamada por los principales coliseos del mundo, desde 1960 a 1963, año de su muerte por afección renal, vuelve a realizar continuas giras por Europa y América, hasta que su enfermedad se lo impide, estando en Gandía, tras haber bailado por última vez en Málaga.

Su muerte de una enfermedad renal a los 46 años, constituyó una gran aflicción para todo el mundo flamenco, siéndole otorgada la Medalla del Mérito Turístico de Barcelona, el Lazo de Isabel la Católica y el título de Hija Adoptiva de Bagur.

Su entierro convocó a un gran número de gitanos de Cataluña y de distintos puntos de España y Francia. Enterrada en Bagur, donde vivió sus últimos días, sus restos descansan actualmente en Santander, en el panteón de la familia de su marido.

En el año 1964, los maestros León y Solano compusieron la copla Aquella Carmen dedicada a la memoria de Carmen Amaya, que decía: Se murió Carmen Amaya, y España entera lloró.

A los tres años de su defunción, en 1966, se inauguró su monumento en el Parque de atracciones de Montjuic, hoy Jardines Joan Brossa de Barcelona, y en Buenos Aires le fue dedicada una calle, mientras que en Madrid, en el "Tablao" Los Califas, se le tributó un homenaje en el que intervinieron entre otros artistas Lucero Tena, Mariquilla y Félix de Utrera.

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