D. Benito Prieto Coussent nace en Ribadeo, pueblo de Lugo, el 6 de junio de 1907 y fallece en Granada el 3 de febrero de 2001 a los 93 años, pero sin abandonar su pasión, pues el día anterior cogió los pinceles para continuar un retrato que estaba realizando de su amigo D. Manuel Fraga Iribarne. Don Benito, con más de 90 años dijo una vez: "¡Ahora estoy aprendiendo a pintar!"
A los 15 años se traslada a Madrid con una beca de la Diputación lucense para ingresar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Allí recibió lecciones de grandes maestros, como Julio Romero de Torres, y fue condiscípulo de Salvador Dalí entre otros.
Una vez termina su carrera oposita a una plaza de profesor de dibujo del Estado ganándola y eligiendo como destino el innovador instituto de Tuy. Se ganó el respeto de todos y lo nombraron Director Honorífico, pero éste simultaneaba el instituto con clases que daba por las tardes, y por las cuáles fue considerado anarquista, siendo arrestado al estallar la Guerra Civil por éste motivo.
Al salir de la cárcel, se traslada a Lugo, dónde hace retratos por encargo y dónde conoce a una señorita vestida de luto y siempre solitaria a quién se presenta y con quién entabla una profunda amistad. Se cuentan sus vidas respectivamente y he aquí una gran mujer paduleña, Doña Antonia Rejón Delgado, una mujer muy inteligente y que, gracias a sus padres, estudió farmacia, música y magisterio, siendo maestra de primera enseñanza que pidió ser destinada a la escuela del pueblo más alejado posible del Padul, por razones propias, y así fue como conoció a su futuro esposo, y con quién se casa en 1940.
Tras la Guerra Civil, las aguas vuelven a su cauce, y ellos deciden volver al pueblo de Doña Antoñita, como se le conoció en el pueblo. Casi 20 años vivió en el pueblo D. Benito, y aquí nacieron y crecieron sus dos hijos, hasta que muere su esposa en el 1957, que entonces se traslada a Granada.
En cuanto al genio, es conocido el detalle de no querer firmar sus obras porque, según sus palabras, eso era un acto de vanidad. Además, él terminaba una obra con mucho cariño pero, enseguida la desechaba, ya no le interesaba. ¡Cuántos cuadros rompió por no estar conforme con ellos! Es por esto que de 70 años pintando sólo se conservan 150 obras documentadas de él. Destacan sus retratos, pero más sus cristos, los que le dieron fama mundial, creados en su taller de Padul a partir de la década de los 40 y a través del descubrimiento de la crucifixión romana.
El sacerdote de Padul se enteró de que D. Benito estaba haciendo un cristo crucificado y fue a visitar al artista al taller y al ver la obra y volver a su casa, éste le escribió una carta al artista instigándole a dejar la obra; y Benito apenado iba a dejarlo cuando su esposa, Doña Antoñita, le instó a qué continuara que siempre fue su deseo y no debía dejarlo, y tras esto el artista escribió una carta al sacerdote diciéndole su decisión y: "¡O mi Cristo sale triunfante por las puertas de mi estudio o yo salgo con los pies "palante" y usted detrás cantándome el gorigori!" Esto fue llevado a las alturas eclesiásticas de Granada, de dónde sí salió triunfante su Cristo con la siguiente afirmación dada a las autoridades por motivo: "La gloria de la cruz consistió en ser cruz sin gloria", cosa que llevó a las autoridades a decir que el artista estaba inspirado por Dios y a darle la bendición al artista y al Cristo.
Según D. Luis Rico, profesor de la Universidad de Granada, amigo y discípulo de D. Benito, éste "era dos personas en una, un puro volcán creativo con dos extremos; muy encendido unas veces y cándido otras."

De estos Cristos, opinaba así Salvador Dalí: "...de este Cristo, el torso pudo haberlo pintado Velázquez; los paños, Zurbarán. Este cuadro es un cheque en blanco."
RESOLUCIÓN DEL CACHÉ
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