El barrio de Pizarrales surge en la primera década del Siglo XX, con las primeras casas de labor construidas por sus propios moradores que llegaban a la ciudad en busca de nuevas oportunidades. Las primeras viviendas, construidas con pizarra (de ahí el nombre del barrio: Pizarrales) se levantaron ilegalmente, dando origen a un suburbio al que la ciudad daba la espalda.
Esto hace que los residentes sean conscientes de que no cuentan con apoyos fuera del barrio y se autogestionen con sus propios recursos, construyendo la Iglesia vieja en 1916, creando la Sociedad de Socorros Mutuos en 1917 y levantando la primera escuela en 1918.
Los años 20 son duros, el barrio sigue sin agua, los hombres se dedican a la construcción y las mujeres a las tareas domésticas. Con la proclamación de la II República (1931) y quizá por la condición obrera de Pizarrales, que vota mayoritariamente candidaturas de izquierdas, la situación del barrio mejora de forma visible: mayor permisividad en la construcción, un colector de agua que permite crear una fuente y unas escuelas con cantina escolar destacan entre esas mejoras, a las que se une un incipiente movimiento cultural (biblioteca, teatro, charlas, exposiciones...).
El 18 de julio de 1936 Salamanca se adhiere a la sublevación en el inicio de la guerra civil y sobre Pizarrales (barrio calificado como la Rusia chica) caerá la penuria, el hambre, la muerte y el sufrimiento, fragmentando familias y forzando a las mujeres a sacar a sus hijos adelante ellas solas, carentes de los más básicos recursos.
La posguerra fue aún más dura, con muchos hombres en la cárcel, y el barrio, mermado por las enfermedades, subsistiendo gracias al Auxilio Social que funcionó en Pizarrales hasta los años sesenta. También fue una época de ayuda mutua, demostrando sus habitantes una gran solidaridad entre vecinos.
En los años cuarenta se construyen nuevas viviendas, pero el barrio sigue viviendo al margen de la ciudad y sólo recibe caridad y buenas palabras, por lo que la emigración a Europa es la tónica de los años cincuenta.
En la década siguiente el barrio crece de forma considerable (11.000 habitantes), se levanta una nueva iglesia y por fin se logra llevar el agua a las casas de Pizarrales, pero sólo gracias al trabajo, dinero y esfuerzo de los propios vecinos, que construyeron a pico y pala una zanja de 2.200 metros desde el depósito de la Chichibarra hasta la vieja Iglesia, cerca de la cual construyeron su propio depósito.
A partir de los años setenta comienza a llegar al barrio una incipiente clase media y los niveles de bienestar aumentan al ritmo del progreso de la sociedad española, llegando a la actualidad en que sus residentes ya no conocen su propia historia, perdiendo la identidad de barrio.
Sin embargo, es interesante recordar que la historia de Pizarrales es un ejemplo de solidaridad y de apoyo mutuo.
Actualmente la Iglesia vieja de Pizarrales, donde se encuentra nuestro caché, es un centro de participación social, de gestión municipal (dependiente del Ayuntamiento) que pretende dar respuesta a las necesidades creativas de personas, colectivos y asociaciones para ser cauce de comunicación y expresión cívica, que dinamiza la vida del barrio y procura devolver a sus vecinos la identidad perdida.
Fuente: Munibar (Asociación de vecinos de Pizarrales y El Carmen).
http://www.munibar.org/index.php?option=com_content&view=article&id=44&Itemid=54
http://participacionsocial.aytosalamanca.es/es/centrosyespacios/centroiglesiaviejadepizarrales/
El CACHÉ: se trata de un caché de tamaño micro, sin espacio para intercambio. Conviene ser sigilosos en la búsqueda, no estamos en un barrio acostumbrado a geocachers ¡guardemos el secreto!