En los años noventa (1993-1996) el ayuntamiento de Toledo decidió recuperar una zona que las nuevas carreteras habían dejado aislada y cada vez más degradada que, sin embargo tenía un gran interés turístico, aneja a la estación de autobuses.
El plan tenía múltiples facetas.
Por una parte se convertía en una parte de otro más general que pretendía crear un aparcamiento junto a la estación de autobuses (y en la entrada desde Madrid) que conectara con el centro por medio de una escaleras mecánicas que culminarían en la parte trasera del Museo de Santa Cruz (algo paralelo, pero de mayores dimensiones, de lo ya realizado en Recaredo y su remonte). Se aliviaba así la presión del tráfico rodado en el casco histórico a la vez que se daba una mayor accesibilidad al mismo.
Sin embargo, los continuos retrasos en los remontes han hecho que se acabara la burbuja sin que estos fueran terminados (sólo existe el tramo superior, aún en obras), dejando desconectada la zona.