LAS CANICAS.

Una de las causas de los agujeros en las rodillas de mis pantalones de la niñez fueron las canicas.
La canica, una pequeña esfera de vidrio de colores que todos llevábamos en nuestra bolsa de canicas. Se dice que ya había canicas en época Egipcia, de barro cocido o piedra. Los romanos también disfrutaron de ellas. Pero volvamos a nuestro siglo, o mejor dicho al siglo pasado.
Solíamos jugar al "gua". Se hacia un hoyito en el suelo de tierra y todos lanzábamos por turnos nuestras respectivas canicas, una por persona, desde el gua hacia sus alrededores. Una vez hecho esto el juego consistía en golpear con tu canica la canica de otro amiguete. Si lo conseguías tenias otro turno en el que tenias que meter tu canica en el gua. Si lo conseguidas te quedabas con la canica que habías golpeado, si no esperabas al siguiente turno para volver a intentarlo. El muchacho de la canica golpeada podía salvarla si introducía su canica en el gua antes que tu. Cuando golpeabas la canica contra otra se decía que habías dado un "chete", y si la canica golpeaba tan flojo que se quedaban juntas tocándose se decía "caracas" y las dos tenían que volver a salir desde el gua.
Las canicas no son objeto de intercambio.
EL CACHE
Yo os propongo otro juego de canicas. Deberéis ir a las coordenadas publicadas y completar el "acertijo manual". Tratadlo con delicadeza, aunque hay que apretar un poco no hace falta hacer mucha fuerza.
POR UN INTERCAMBIO RESPONSABLE
Piensa que a los que mas ilusión les hace encontrar los “tesoros” son a los peques de la casa. Por ello si vas a hacer intercambio de objetos hazlo de una manera responsable, dejando siempre algo que pueda tener un mínimo de interés para los niñ@s y los no tanto. A nadie nos gusta abrir un caché y encontrarnos chapas de botella, una piedra y un gancho de pelo oxidado, ¿verdad?, a los peques mucho menos.