Cuenta la leyenda que, allá por 1800, un habitante de la zona tenía una cerda (o marrana) que estaba muy flaca. Un día, observó que la cerda iba a diario a bañarse a esta cala, dándose un baño y rebozandose en sus lodos. Al cabo de un tiempo, la cerda engordó de forma espectacular. Circuló la noticia por el lugar y, dado que la gente de la época consideraba que ser rollizo era sinónimo de opulencia y buena vida, se decidió crear aquí unos baños, donde la gente se embadurnaba de lodo y esperaba sentada, plácidamente, hasta que éstos secaban y sus supuestos beneficios eran absorbidos por el cuerpo.
En homenaje a esa otra época y esa otra mentalidad, hemos decidido preparar este caché que, inicialmente, es del grosor de un bolígrafo. Quien lo encuentre podrá verificar si estos lodos son realmente un tónico que vigorizan el cuerpo (como se suponía hace 2 siglos) o no son más que una falsedad.