
¿Por músicos y cantores van también a galeras? -Sí, señor -respondió el galeote-, que no hay peor cosa que cantar en el ansia. -Antes he yo oído decir -dijo don Quijote-, que quien canta, sus males espanta. -Acá es al revés --dijo el galeote-, que quien canta una vez, llora toda la vida. -No lo entiendo -dijo don Quijote. Mas una de las guardas le dijo: -Señor caballero, cantar en el ansia se dice entre esta gente non santa confesar en el tormento. A este pecador le dieron tormento y confesó su delito, que era ser cuatrero, que es ser ladrón de bestias, v por haber confesado le condenaron por seis año, a galeras, amén de docientos azotes, que ya lleva en las espaldas; y va siempre pensativo y triste, porque los demás ladrones que allá quedan y aquí van le maltratan y aniquilan y escarnecen, y tienen en poco, porque confesó y no tuvo ánimo de decir nones; .porque dicen ellos que tantas letras tiene un no como un sí, y que harta ventura tiene un delincuente que está en su lengua su vida o su muerte, y no en la de los testigos y probanzas; y para mí tengo que no van muy fuera de camino. -Y yo lo entiendo ansí -respondió don Quijote. El cual, pasando al tercero, preguntó lo que a. los otros; el cual, de presto y con mucho desenfado, respondió y dijo: -Yo voy por cinco años a las señoras gurapas por faltarme diez ducados. -Yo daré veinte de muy buena gana -dijo don Quijote--- por libraros desa pesadumbre. -Eso me parece -respondió el galeote- como quien tiene dineros en mitad del golfo y se está muriendo de hambre, sin tener adonde comprar lo que ha menester; dígolo, porque si a su tiempo tuviera yo esos veinte ducados que vuestra merced ahora me ofrece, hubiera untado con ellos la péndola del escribano y avivado el ingenio del procurador, de manera que hoy me viera en mitad de la plaza de Zocodover, de Toledo, y no en este camino, atraillado como galgo; pero Dios es grande: paciencia, y basta. Pasó don Quijote al cuarto, que era un hombre de venerable rostro, con una barba blanca que le pasaba del pecho; el cual, oyéndose preguntar la causa por que allí venía, comenzó a llorar y no respondió palabra; mas el quinto condenado le sirvió de lengua, y dijo: -Este hombre honrado va por cuatro años a galeras, habiendo paseado las acostumbradas, vestido, en pompa y a caballo. -Eso es -dijo Sancho Panza-, a lo que a mí me parece, haber salido a la, vergüenza. -Así es -replicó el galeote-; y la culpa por que le dieron esta pena es por haber sido corredor de oreja, y aun de todo el cuerpo; en efecto, quiero decir que este caballero va por alcahuete, y por tener asimesmo sus puntas y collar de hechicero. -A no haberle añadido esas puntas y collar -dijo don Quijote-, por solamente el alcahuete limpio no merecía él ir a bogar en las galeras, sino a mandallas y a ser general dellas, porque no es así como quiera el oficio de alcahuete, que es oficio de discretos y necesarísimo en la república bien ordenada, y que no le debía ejercer sino gente muy bien nacida, y aun había de haber veedor y examinador de los tales, como le hay de los demás oficios, con número deputado y conocido, como corredores de lonja. Y desta manera se excusarían muchos males que se causan por andar este oficio y ejercicio entre gente idiota y de poco entendimiento, como son mujercillas de poco más o menos, pajecillos y truhanes de pocos años y de poca experiencia, que a la más necesaria ocasión, y cuando es menester dar una traza que importe, se les yelan las migas entre la boca y la mano, y no saben cuál es su mano derecha. Quisiera pasar adelante y dar las razones por que convenía hacer elección de los que en la república habían de tener tan necesario oficio, pero no es el lugar acomodado pasa ello: algún día lo diré a quien lo pueda proveer y remediar.


