La ferrería de La Soledad
Desde la Edad Media hasta finales del siglo XVIII fue muy importante la actividad ferrera en Guriezo y la zona oriental de Cantabria apareciendo multitud de centros de tratamiento del hierro conocidos como ferrerías. En ellas se convertía el mineral de hierro en lingotes por la acción del calor del carbón que licuaba el mineral y el agua de los ríos próximos que movía los grandes martillos que lo moldeaban. Además si se contaba con una fragua anexa los lingotes se podían trabajar fabricando utensilios como armas, material de labranza, clavos, martillos...
La Ferrería de La Soledad es un edificio que fue construido sobre 1750 por Don José Benito de Zarauz cuando Agüera era una pedanía de Sámano (actualmente pertenece Guriezo). La ferrería pertenecía a su constructor, J. B. Zarauz, y a la familia noble Otañes y se sumaba a la intensa actividad ferrera del cauce del Aguera. Tras la ferrería de El Perujo (también en Agüera), en el río Agüera podemos encontrar también las ferrerías de La Merced, El Calce y La Yseca en Guriezo y las vizcaínas de Trucios.
La construcción, lo que propiamente podemos calificar como ferrería, no solía ser un edificio aislado: en muchas ocasiones estaba rodeado de viviendas, incluso casas torre, molinos y tierras de cultivo anejas. Este sería el caso de la ferrería de La Soledad en donde aún se pueden observar mejor las características de aquellas viejas edificaciones. Solían albergar diferentes departamentos: las carboneras, colocadas en la mayoría de las ocasiones junto al taller principal, pero separadas por fuertes paredes para evitar los peligrosos incendios, con dimensiones bastante considerables y con grandes ventanales que funcionaban a modo de toberas en la descarga del combustible; pequeños almacenes de mineral y habitaciones para que durmiesen los oficiales; y, los dos grandes habitáculos del cuarto de los barquines y horno y el del martinete. En el edificio de La Soledad se añadieron hacia 1790 un molino, tejabana y fragua. Tiempo después, entre los años 1828 y 1830, esta misma ferrería fue sometida a un nuevo arreglo, hasta llegar a contar con dos fraguas, un mazo, dos barquines y una carbonera capaz de albergar 16.000 cargas.
La producción de esta ferrería, junto con otras dos ubicadas en las cercanías, servían para abastecer las factorías de Marrón y también para exportar material a Castilla, a través de Valmaseda. Por vía marítima también exportaban a través del embarcadero de la ría del Agüera situado cerca de su desembocadura. Las ferrerías de Agüera, las más alejadas de la villa de Castro a las que pertenecían, pero dentro de su jurisdicción, tuvieron siempre multitud de enfrentamientos con las ferrerías de Trucíos por su proximidad y dada la escasez de leñas carboneables de sus montes.
Mal que bien, las ferrerías de los valles orientales de Cantabria prosiguieron su actividad, ya como un último estertor, durante la primera mitad del siglo XIX pero lastradas y con peligro inmediato de hundimiento por sus obsoletos sistemas técnicos de fabricación. La Soledad estuvo en funcionamiento, al menos, hasta 1878 y en 1850 enviaban parte de su producción a Tampico (México). La revolución industrial fue el punto final para estos antiguos sistemas que dieron paso a los Altos Hornos que fueron instalados originalmente en este mismo valle,(en la ferrería la Merced en Guriezo) para después trasladarlos a las proximidades de Bilbao.
Actualmente esta ferrería se encuentra en ruinas, pudiendo no obstante apreciar que fue una edificación de planta cuadrada con imponentes muros, con cuatro carboneras, naves de mazo y barquines y otras áreas necesarias para hacer funcionar la ferrería como una casa anexa.
El caché
Para llegar al caché tendrás que bajar a la orilla del río Agüera desde la carretera CA-151. Si pasas alguna valla déjala como estaba. Luego tienes que cruzar el río (depende de la época del año será más o menos fácil). Nada más cruzar sigue el sendero que va junto al río, en ocasiones te encontrarás con hitos de piedras que marcan el camino.
Pasarás cerca de un antiguo depósito de agua a cielo abierto. Tras bordearlo sigue por la antigua tubería rota hasta la presa. Después el camino asciende un poco para descender después hasta la ferrería. ¡¡Suerte!!