Las Santas Formas de Alcalá de Henares forman parte de la historia de la ciudad como una de las tradiciones religiosas más antiguas y arraigadas. En la antigua iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús podemos admirar una capilla dedicada a este milagro que es sin duda es uno de los más bellos monumentos de Alcalá de Henares.
En 1597, un anónimo penitente arrepentido, posiblemente de origen morisco, tras confesar su robo, entregó al padre jesuita Juan Juárez un papel en el que venían envueltas 24 Formas Consagradas. Juárez, temeroso de que estuvieran envenenadas, las guardó en un lugar húmedo para que se corrompiesen. Pero pasado un tiempo las Formas seguían frescas, por lo que decidió, tras consultar al superior del Colegio Máximo de jesuitas, ponerlas en un lugar aún más húmedo junto con otras formas no consagradas. Meses después, las consagradas seguían tal cual mientras que las otras estaban descompuestas.
En 1608, visitó el Colegio Máximo el Provincial de la Orden en Toledo para comprobar el milagro, trasladando las Formas al altar mayor de la iglesia. Una junta de doctores de la Universidad trató el tema y tras sus conclusiones fue ratificado el milagro en 1619. Desde 1624, estuvieron en una valiosa custodia de plata, donación del Arzobispo de Santiago, Agustín Espínola, que era sacada en procesión todos los años el quinto domingo después de Resurrección y que constituía una de las más arraigadas y multitudinarias tradiciones alcalaínas.
Tras la expulsión de los jesuitas, fueron trasladadas a la Magistral, donde permanecieron en su custodia hasta la Guerra Civil de 1936. Al inicio de la contienda, tres sacerdotes decidieron esconderlas en un lugar seguro. Y tan seguro fue que, muertos los tres al poco tiempo, no quedó rastro del lugar del escondite. De esta manera desaparecieron quizá para siempre las Santas Formas y su bella custodia de plata.
A finales del siglo XVII, se decidió construir una capilla en honor del milagro de las Santas Formas.