En 1931, los vecinos de Os Castros llegaron a un acuerdo con la dirección del Sanatorio Marítimo de Oza, para poder usar la playa; enfermos a unas horas, vecinos a otras. Ahí empezó la era dorada de Lazareto.
Era base de embarcaciones de recreo y pesca. Al fondo lucían las bateas hasta las que nadaban los niños en carrera amistosa. La playa estaba rodeada de laderas de verde abundante donde se reunían los vecinos a la hora de comer.
Aquello se acabó en 1969. Al barrio le extirparon su playa para hacer hueco a unos astilleros. Quedó reducida a una cala en la que había más rocas que arena, pero los vecinos siguieron fieles a ella. Apilados, reeditaron cada verano la ancestral costumbre del chapuzón en el Lazareto.
Más tarde, ya en 1974, la Cooperativa del Mar de Armadores de Buques solicitó la construcción de dos carros de varada junto a las instalaciones del varadero, lo que fue la estocada definitiva para lo que quedaba de playa. La asociación de vecinos encabezó en aquel momento la oposición a esta nueva reducción del arenal. Fue un momento crucial de unidad vecinal en el que se recogieron miles de firmas, se solicitaron entrevistas y se realizaron protestas.
Lazareto sufrió finalmente un nuevo recorte que dejó el arenal en la mínima expresión, pero la iniciativa vecinal trajo como resultado la promesa de la construcción de uno nuevo entre la punta del Faro de Oza y el dique de Astilleros Valiña.
En 1994, la Autoridad Portiuaria compensó a Os Castros con una playa artificial, la de Oza. Pero la situación actual está lejos de ser idílica, ya que Oza es un arenal mucho menor que lo que en su día fue Lazareto y además está rodeado por instalaciones industriales
La Playa de Oza tiene una longitud de 110 metros de largo por 25 de ancho. Consta con servicio de duchas, aseos, socorrismo, acceso para discapacitados, quiosco, alquiler de material náutico, aparcabicicletas y parque de entrenamiento.