
Una de esas joyas desconocidas (excepto para los habitantes de Almonaster la Real) en la provincia de Huelva es la antigua Tenería de Almonasterla Real; un imponente edificio cargado de historia y de sabor etnográfico e industrial, y que viene a completar el rico muestrario de la arquitectura del agua (fuentes, lavaderos, molinos, sistemas de riego...) que tiene una interesante impronta en el paisaje onubense.
Estas instalaciones, denominadas también curtidurías, tenían como objetivo el curtido y secado de pieles (fundamentalmente de ganado bovino y caprino). Recogiendo la tradición medieval eran necesarias para elaborar tejidos y calzados aunque muy pocas han llegado a nuestros días. La de Almonaster es, quizás, la única aun en pie de la provincia de Huelva. Se trata de un edificio realizado con potentes muros de mampostería ordinaria y mortero de cal, ocupaba una extensión de 695,5 m², con una planta rectangular de 27,6 x 25,2 m., que requirió de una fuerte inversión sólo al alcance de familias adineradas. Su origen está fechado en 1806, tal y como aparece en la inscripción de su portada.
En 1821 fallece su propietario D. Tomás Romero y se realiza un inventario de sus bienes para el reparto entre sus herederos, citándose como parte de los mismos "una fábrica de curtidos, con todas las herramientas que le corresponden a esta fábrica al sitio de la Regadera". Según dicho testamento la curtiduría se destinaba a la fabricación de suelas y se surtía de materia prima de toda la comarca y sur de Badajoz.

La situación de la tenería es estratégica: A unos 100 metros de la población en la proximidades del puente de origen romano, en la confluencia de los caminos de Riotinto y de Santa Ana, junto a la margen izquierda del Arroyo de la Aceña y el camino de Riotinto que se inicia al noroeste, en el borde urbano como prolongación de la calle Recueros, parte de una lógica básica en este tipo de instalaciones. Por una parte, su proximidad al curso de agua le permite dotarse de agua abundante a través de una acequia que aún se conserva en buen estado; además, se posibilita la evacuación de los líquidos contaminados resultantes del proceso de curtido. Este vertido se realizaba por medio de un pozo de 17 metros de profundidad conectado a una cloaca abovedada y excavada en la roca que conectaba con el arroyo a unos 150 metros al suroeste, evitando la contaminación de las aguas que movían molinos harineros situados en sus proximidades.
Por lo que respecta a su localización fuera del núcleo urbano, se debe a la necesidad de alejar los malos olores y la contaminación de las aguas para el consumo humano.
A fines del siglo XIX, el curtido de pieles debió estar en crisis pues en esa época ya el edificio había cambiado de uso, según refleja un plano del término municipal de Almonasterde 1896 en el que se rotula el edificio con la leyenda 'molino aceitero'.
Tras la división del edificio, realizada en 1925 en función de un reparto por herencia familiar, se establecen dos usos diferentes. El tercio norte, se convierte en caballerizas para lo cual en los antiguos arcos de los secaderos se ciegan tanto en planta baja como en alta. También se ciegan los numerosos trojes o balsas usados para la limpieza y curtido de las pieles. En planta alta se mantiene el acceso a través de la escalera situada en el patio, utilizándose el espacio para pajar, granero y almacén. Junto a las cuadras y pajar se habilita en el flanco este una estancia con chimenea en planta baja.
Esta propiedad, en manos de la familia Baones hasta 1996, se separa del resto a través de un muro de mampostería, restringiéndose el patio, el cual se pavimenta con empedrado ocultando las antiguas balsas para el curtido.
En el resto de la edificación se instaló el molino de aceite, para el cual se ocupa el patio con una nueva nave en el flanco sur, colocándose en ella la caldera para el agua caliente, dos prensas de tornillo manual y un pequeño molino con tracción hidráulica. Al oeste del patio, sobre antiguas balsas, se construye una pequeña nave para el almacenaje de aceitunas, usados ahora como trojes.
La antigua crujía situada al este se divide en planta baja para usarse, en un caso, como molino con piedra molinera cónica de granito movida por bestias (molino de sangre); y, en el otro, como almacén de aceite con tinajas adosadas a los muros, ambos conservados en aceptable estado pese a los muchos años de abandono.
El molino cesó su producción a mediados del siglo XX, fue objeto de abandono y expolio y ha llegado a nuestros días en mal estado de conservación. Las dos fincas fueron compradas en 1997 y desde entonces, se han sucedido los intentos por recuperar el valor simbólico y también económico de este espacio singular.

Según algunos medios los actuales propietarios han tenido siempre claro que el edificio debía recuperarse manteniendo sus valores patrimoniales. Han realizado labores de cerramiento, limpieza y desbroce para evitar el riesgo de incendio. También se han impulsado levantamientos topográficos y planimétricos, obras para dotar de suministros básicos y de recuperación de la cubierta de tejas de la nave del secadero y de parte de la nave sur del molino, así como la primera propuesta de rehabilitación integral del edificio. También hubo que proceder a la modificación de las normas subsidiarias de Almonaster, dado que el edificio no había sido catalogado y solo se permitían usos ganaderos. En 2013 redactaron un anteproyecto de rehabilitación y un estudio de viabilidad económica que preveía la conservación de la tipología del edificio, la conservación y uso cultural de los elementos de mayor interés, y el uso, como casa rural de categoría superior aprovechando sus espaciosas estancias y su inmejorable ubicación, pero la crisis económica general del país impidió la financiación necesaria.
La antigua Tenería de Almonaster espera el momento de resurgir de sus cenizas y seguir aportando historia y valor económico a la comarca serrana.