A orillas del Arlanza, en la
vertiente meridional de la Sierra de Neila, está emplazada la villa de
Quintanar de la Sierra, una de las poblaciones más representativas de la
Tierra Pinariega.
El paisaje circundante está
dominado por los majestuosos bosques de pino albar pino silvestre, de gran
importancia económica en la zona. El porte esbelto, erguido y el tronco
limpio de ramas de estos árboles, permiten su rápida identificación. Su
madera de gran calidad, debido a su lento crecimiento, es muy apreciada para
la fabricación de muebles.
Con todo, el bosque natural que
crece en este territorio es un bosque mucho rico en especies, pues junto a
los pinos crecen robles y hayas con un complejo sotobosque. La mayor
significación del pino no se debe tanto a razones naturales sino a la
intervención humana que secularmente ha favorecido el desarrollo de esta
especie en detrimento de las demás. En la actualidad, las nuevas prácticas
forestales, que apuestan por la complejidad y riqueza del bosque mixto,
permiten observar la recuperación de robles y hayas entre los pinos.
La historia de Quintanar se escribe en torno a esos bosques y a los
distintos aprovechamientos tradicionales que los serranos han desempeñado en
torno a ellos. Hay que destacar que en la actualidad los vecinos siguen
siendo propietarios del pinar y beneficiarios de él, por lo que son los
mejores guardianes de tan importante patrimonio forestal.
La tradicional riqueza maderera y
de pastos de este territorio explican la vocación silvícola y ganadera de
sus habitantes, así como, el interés del obispo burgalés y los grandes
centros monásticos de incluirlo en su dominio. Así ocurrió en el año 1213
cuando el lugar pasó a formar parte del monasterio de San Pedro de Arlanza.