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Había una vez, en el
reino de Persia, un sultán que era famoso por su sabiduría y su astucia.
Gobernaba su reino con mano firme y corazón justo. Sin embargo, a pesar de
su grandeza, no había encontrado a una esposa que pudiera igualar su ingenio
y compartir su vida. Decidió que sus concubinas debían someterse a una
prueba para determinar quién de ellas sería su esposa. La prueba no solo
probaría su inteligencia sino también su capacidad para pensar bajo presión.
Se acercaba el
invierno y la mascota del sultán un precioso westy, para no enfriarse
necesitaba llevar calcetines, pero todos debían ser del mismo color.
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El sultán reunió a
todas sus concubinas en su gran salón del trono y les explicó la prueba. En
un cuarto oscuro había un cajón lleno de calcetines de lana de cuatro colores:
rojos, verdes, amarillos y azules. Las concubinas debían entrar en una sala oscura y
sacar el menor número de calcetines pero asegurándose de que al menos cuatro
fuesen del mismo color. La que lograra resolver la prueba se convertiría en
su esposa, mientras que el resto serían arrojadas al mar en un saco, una
cruel tradición para quienes no superaban las pruebas reales.
Las concubinas se
miraron unas a otras, nerviosas. Cada una sabía que su vida dependía de su
ingenio. La primera concubina, Zarah, entró al cuarto oscuro, rezando
en silencio para tener éxito. Cogió 7 calcetines de la caja y cuando salió
para mostrárselos al sultán comprobó para su desgracia que solo 3 eran del
mismo color. No había superado la prueba y su fin estaba cerca.
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La siguiente fue
Layla, quien entró con determinación. Ella para asegurarse cogió 31
calcetines y efectivamente, logro 4 del mismo color, pero ¿habría superado
la prueba?.
Así, una tras otra,
las concubinas intentaron la prueba, cada una con su propia estrategia.
Finalmente, la última en intentar la prueba fue Miriam, la más joven
y sabia de todas. Miriam pensó en la lógica detrás de la prueba y comprendió
que debía sacar X calcetines para asegurarse que al menos 4 fuesen del mismo
color.
Entró al cuarto
oscuro, sacó X calcetines, y como las matemáticas no engañan no necesito
mirarlos para saber que había superado la prueba. El sultán al ver su
astucia y su comprensión de la prueba, la eligió como su esposa.
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Sin
embargo, el resto de las concubinas iban a tener un trágico
final. Miriam, intento convencer al sultán de poner fin a la
cruel tradición de arrojar a sus compañeras al mar. El sultán le
propuso una última prueba y si la resolvía la tomaría por esposa
y perdonaría la vida al resto de las concubinas.
La
prueba era la siguiente: el sultán, amante de las mascotas,
tenía un ciempiés y propuso a Miriam que le dijese cual sería el
número mínimo de calcetines a sacar de una caja que tenia un
gigantesco número de calcetines de 100 colores diferentes, de
forma que al menos sacase 100 calcetines del mismo color.
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Miriam le dijo que como mínimo habría que sacar Y
calcetines, supero la prueba, se caso con el sultán y
perdonaron la vida al resto de las concubinas. Ambos gobernaron en su palacio
con sabiduría y justicia, y el reino de Persia floreció bajo
su liderazgo.
Notas
En este caso, el
ciempiés del sultán tenía justo 100 pies.
Formato de la
respuesta X-Y.
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Que nunca te falte un sueño por el que luchar, algo nuevo que aprender, un lugar a donde ir y alguien a quien querer
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