|
· Una noche de otoño, caminando de vuelta a Laguna de Duero, me desvié de mi camino habitual y pasé por delante del edificio del Liceo Francés, lo que antes era un colegio, ahora solo era un edificio vacío abandonado a su suerte y a manos de los vándalos. Nunca suscitó en mi ningún tipo de interés, pero esa noche algó me llamó la atención, en una de las ventanas sin cristales descubrí una luz, azulada y resplandeciente, pasó por una ventana, luego la siguiente y cuando debería haber pasado por la tercera, nada, ni su resplandor ni la sombra de quien pudiera estar alumbrando dentro del edificio a esas horas. No le di muchas vueltas y seguí mi camino a casa para descansar después de un largo día de caminata, aunque esa noche no pude dormir, dando vueltas en la cama solo veía de nuevo ese resplandor azulado, y algo que me llamaba... me atraía. Poco antes del amanecer no pude más, y salí a buscar mi coche para poner rumbo de nuevo al Liceo Francés.
AQUÍ EMPIEZA TU AVENTURA
(Desde las coordenadas iniciales o el Waypoint de aparcamiento)
· Por un camino llegué a la verja exterior del Liceo y enseguida vi una puerta abierta que daba a una antigua cancha de boleibol y futbito, dejé el coche junto a la entrada y cogí del maletero una pequeña mochila que siempre llevo para cualquier situación que se pueda dar. Los años de abandono habían hecho que la naturaleza se adueñara de todo alrededor de la pista, tras los árboles ahí estaba, una mole blanca de cemento y ladrillo que me hacía acercarme a ella.
De la mochila saqué una linterna y con ella en la mano caminé por la pista de hormigón en paralelo a la fachada del edificio hasta llegar a la entrada principal, toda la planta baja tenía las ventanas y puertas tapiadas, pero entre dos grandes escaleras había una puerta en la que habían hecho un agujero en los bloques de hormigón que en algún otro momento la cegaban, me acerqué a traves de las malas hierbas y en la oscuridad del edificio me pareció volver a ver el destello azul desapareciendo hacia el interior.
· Crucé el agujero y me encontré dento del Liceo, una sensación de angustia me alcanzó, estaba en una habitación con salidas en todas sus paredes, con los muros destrozadas y llenos de grafitis, la luz de la linterna titubeaba con el temblor de mi mano, pero tenía que avanzar, el destello me pareció verlo desaparecer por la puerta en frente al agujero por el que había pasado, lo seguí y al cruzar el dintel una suave luz me entró por el rabillo del ojo derecho, me giré bruscamente iluminando con la linterna pero no había nada, un oscuro pasillo que se extendía, con ambas paredes llenas de vanos sin puertas hacia ambos lados, miré rapidamente en las dos direccioines pero no vi nada, de modo que tomé el lado derecho, por donde vi levemente esa luz hace un momento.
Caminé a lo largo de ese pasillo durante lo que me pareció una eternidad, por miedo, sin mirar en el interior de las habitaciones que iba dejando detrás de mí, cuando llegué al final del pasillo me encontré en una sala en la que de nuevo tenía varias puertas hacia donde seguir, busqué la luz pero no vi nada, aunque si que escuché algo a mi izquierda, una voz muy leve que no sabría diferenciar entre risa o llanto. Con un nudo en la garganta, me acerqué al hueco de la izquierda tras el cual solo se veía la negritud de una gran sala, las paredes estaban tan lejos que mi linterna apenas llegaba a iluminarlas, bajé unas escaleras y en el centro de la sala vi que se trataba de un teatro, las risas o llantos habían dejado de oírse, busqué por la sala pero no encontré nada, hasta que oí un ruido más fuerte, eran unos pasos rápidos, estaban cerca, pero encima de mí, lo que había venido a buscar estaba en la planta superior. Di la vuelta y salí por donde entré, de nuevo llegué al pasillo y en el primer vano a mi izquierda, había unas escaleras, las tomé hacia arriba y según giraba para empezar a subir el segundo me paré en seco, la luz estaba enfrente de mí, esta vez la veía claramente, inmovil y un segundo depués de nuevo huía de mí, salió por la puerta y tomó el pasillo de esta nueva planta, otra vez a la derecha. Tras recomponerme continué tras ella.
· En esta nueva planta las ventanas no estaban tapiadas y la claridad del amanecer ya empezaba a dejar ver, lo que me tranquilizó hasta que de nuevo empecé a escuchar los mismos ruidos de antes, los pasos se escuchaban más fuerte que nunca, y las voces ahora se distinguían claramente, eran una risa traviesa, infantil, que resonaba con el eco del edificio abandonado. Mi miedo se combinaba con mi necesidad de saber que me había traído hasta aquí y caminé con decisión pero con un escalofrío en la espalda, seguí el pasillo por la derecha hasta el final, siguiendo la luz del día que entraba por la izquierda hasta llegar a una sala mucho mayor y más alta que cualquera que hubiera visto hasta ahora, cuando se me acostumbró la vista a la claridad pude distinguir un altar en el otro extremo de la sala, había acabado en la capilla.
· De pronto, el volumen de las risas fue mayor y pude sentir una brisa que pasaba a mi lado acompañada del sonido de las pisadas corriendo que fueron desde mi espalda hacia el otro lado de la capilla. A ambos lados de la pared del fondo se abrían dos vanos que daban a una última sala detrás del altar, según me acercaba veía las paredes reflejadas con el fulgor azulado que me había arrastarado hasta ese edificio, subí los escalones del altar y atravesé uno de los vanos, la luz que iluminaba los muros parecía provenir de una taquilla metálica desvencijada y tirada en el suelo a la que aún le quedaba una puerta funcional, por las rendijas de esta puerta salía la luz, que se apagó tan pronto como la abrí y tan solo encontré dentro una caja, con un nombre escrito con letra infantil, "Teo".
· Abrí la caja y solo había una libreta que estaba vacía, en la cual escribí: "Teo, espero que estes bien", firmé con mi nombre y al volver a dejarla en su sitio sentí una extraña sensación de pena al ver la caja totalmente vacía, rebusqué en mi mochila y encontré unos muñequitos que metí en la caja junto a la libreta, la cerré y la dejé donde la encontré y volví a la capilla para volver a casa desandando el camino que me trajo aquí. A mitad de capilla otro escalofrío reocorrió mi espalda, me giré y junto al altar pude ver una figura, casi transparente que se hacía más visible poco a poco, era un niño con uniforme de colegial, estaba sentado jugando con los muñecos que habia dejado hace un minuto, me miró, sonrió e hizo un gesto con la cabeza que interpreté como un "gracias" para seguidamente desaparacer delante de mis ojos. El escalofrío se fue, al igual que la sensación que me atraía a ese lugar. Sin saber muy bien qué había pasado volví a mi casa con una sensación de paz y de haber hecho algo bueno por alguien... o por algo.
|