Durante siglos, la zona del Pedregal de San Ángel fue vista como un lugar agreste e inaccesible, hogar de delincuentes y espacio lleno de animales incómodos y peligrosos.
Sin embargo, su particular y único paisaje llamó la atención de muchos viajeros y exploradores célebres, entre ellos Alexander von Humboldt y Andrés Manuel del Río, quienes la visitaron y describieron antes del año 1900.
Sus particulres características motivaron que, en 1945, el muralista Diego Rivera publicara un documento en el que describía la edificación de un gran fraccionamiento, en el que se preservaría la belleza natural del lugar, y donde las construcciones deberían cumplir con varios requisitos.
La urbanización del lugar, el más elegante de la capital como se anunciaba por entonces, comenzó a finales de los años 1940, y el fraccionamiento que se construyó sobre la lava, se lotificó en predios bastante grandes.
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