Camino Geológico Malacitano GR340 Etapa 2 Álora Valle de Abdalajis
Itinerario
En esta etapa tendremos que atravesar varios vados en ríos y arroyos. Uno en el río Guadalhorce, que si bien está adecuado para el paso de personas y vehículos, se recomienda no continuar si observamos que el agua sobrepasa el nivel de los dados de cemento que se han colocado para cruzar.
Lo mismo ocurre en el primer vado del arroyo de las Piedras, si el agua cubre los dados de cemento habilitados para cruzar, no continuar con el recorrido pues hay que realizar dos vados más en el arroyo en los que es más difícil cruzar.
Resumen
La conexión de estos dos pueblos sigue la depresión de los principa¬les cauces fluviales de esta parte de la cuenca: el río Guadalhorce –el más importante de la provincia de Málaga– y el arroyo de las Piedras, subsidiario de aquel. Tras las fértiles tierras bajas de la vega Redonda, irrigadas por el primero y donde destacan las plantaciones de cítricos, pasamos a un inspirador paisaje de formas onduladas de cultivo de secano, verde en primavera y estepario en verano. La infraestructura del AVE Madrid-Málaga nos acompañará, casi en paralelo, en este tramo hasta llegar al arroyo de las Piedras. El trazado ferroviario salva la gran cicatriz que este arroyo ha formado en el terreno por medio de un imponente viaducto, por debajo del cual pasa el recorrido de la etapa. La última parte del recorrido sigue el desarrollo del arroyo de las Piedras. En las riberas las fincas de secano (olivos, almendros, …) se intercalan con plantaciones de naranjos, limoneros y, más recientemente, aguacates. Las grandes paredes calizas de la sierra de Valle de Abdalajís marcan el rumbo de la última parte de la etapa.
Lo mejor
Álora se halla a los pies del Monte Hacho, de 559 m de altitud, compuesto por conglomerados y arenas similares en edad y origen a las observadas en la sierra de Gibralmora. Esta segunda etapa se inicia en terrenos de margas, arcillas y areniscas del Flych, para bajar después hacia las terrazas fluviales del río Guadalhorce. Más adelante, la senda asciende por terrenos ondulados de materiales Flych que, en este caso, muestran una mayor variedad de colores y tipos de sedimentos. A unos 3 km antes de llegar al final de esta etapa nos encontramos con un lugar de interés geológico singular. Se trata de un mirador desde donde apreciamos, hacia el Oeste y el Norte, la sucesión de diversas rocas, que sorprende por sus variados colores y formas del paisaje.
La primera de ellas, de color azulado, es una roca metamórfica llamada “filita”, de edad Paleozoico inferior, perteneciente a la unidad Alpujárride. Por encima, vemos materiales rojizos formados por arcillas y areniscas de edad Pérmico-Triásico, pertenecientes a la unidad Maláguide, que dan paso a margas y arcillas ocres de la unidad Flych. Más hacia el Norte, a los pies de la sierra del Valle del Abdalajís, observamos una franja de tono rosa oscuro, correspon¬diente a margocalizas del Cretácico superior. Por último, los altos relieves grises situados al final son calizas jurásicas subbéticas. Ante la pregunta de ¿Cómo pueden estar rocas más antiguas –las calizas– encima de otras más modernas –las margocalizas rosa¬das–?, la respuesta está en los esfuerzos tectónicos de la Orogenia Alpina, que han superpuesto ambas unidades mediante mantos de cabalgamiento. A nivel paisajístico, las mejores escenas de esta etapa se hallan en las inmediaciones de Valle de Abdalajís, donde podemos apreciar la sierra de Huma, al Oeste, y el tajo del Cuervo, que con sus 300 m de desnivel forma una espectacular pared de vertiginosa pendiente.