Sin duda la pieza clave y singular de la fortificación de
Pamplona fue su Ciudadela. Fue Felipe II su promotor en el año 1571
y con ella se trataba de sustituir el castillo de Fernando el
Católico, ya entonces anticuado. Al terminar la centuria había
desaparecido y sus piedras se utilizaron en la construcción de la
Ciudadela.
El emplazamiento elegido como más idóneo fue a cierta distancia
de la ciudad en su extremo suroccidental. El encargado por el
monarca para diseñar su traza fue el prestigioso ingeniero Giacomo
Palearo, el Fratín, pero también intervino en los planteamientos y
ejecución otro hombre del Renacimiento, entonces virrey de Navarra,
Vespasiano Gonzaga y Colonna, marqués de Sabioneda y duque de
Trayetto. Sobre la puerta principal del recinto se lee una
inscripción alusiva al mismo. El recinto, de acuerdo con las nuevas
fórmulas de la ingeniería renacentista italiana, se concibió como
un pentágono estrellado de cinco puntas con baluartes en los
extremos, que recibieron los nombres de San Antón, la Victoria,
Santiago, Santa María y San Felipe el Real. El pentágono se
encontraba en el grupo de figuras geométricas consideradas por el
pensamiento renacentista como perfectas, por lo que la Ciudadela de
Pamplona forma parte de una serie excepcional de obras que plasman
genuinos principios renacentistas. Por ello a esta construcción
defensiva se le emparenta con obras civiles tan capitales como la
ciudadela de Amberes del ingeniero Francisco Pacciotoo, el palacio
Farnesio de Caprarola de Antonio de Sangallo el Joven y de
Vignola.
Bajo el virreinato del conde de
Oropesa se añadieron medias lunas y un polvorín, dándose por
concluida la Ciudadela en 1646. A partir de entonces se dotó
su interior con otros servicios como la capilla, almacén de
víveres, etc, si bien nuevas necesidades obligaron a la
construcción de otras medias lunas, rebellines y
contraguardias.
El ingeniero Ignacio Sala fue el responsable de una serie de obras
que se llevaron a cabo en el interior de la Ciudadela en 1720;
reformó el pabellón de Mixtos o almacén de víveres haciéndolo más
capaz y cambió el emplazamiento de la puerta del Socorro donde se
encuentra en la actualidad. La protegió con un gran espacio
abovedado a prueba de bombas. En el plan original se localizaba
junto al baluarte de Santa María. Uno de los ingenieros más
renombrados del momento, Jorge Próspero de Verboom, autor de la
ciudadela de Barcelona, proyectó en 1725 la sala de Armas, entonces
arsenal de artillería, uno de los edificios emblemáticos del
conjunto. Hacia mediados del siglo XVIII se trasladó el cuerpo de
guardia a la parte superior de la puerta principal, donde hoy
todavía se contempla .
Desde que se concibió la Ciudadela
de Pamplona fue un centro de gran actividad constructiva. Del
primer proyecto de un simple pentágono de cinco puntas,
terminó dibujando una complicada planta estrellada con
múltiples ángulos. También originó numerosos planes y
proyectos que no llegaron a realizarse. Entre ellos cabe
recordar el de Juan Martín Cermeño en 1756 y el del general
Hurtado en 1797.
La Ciudadela de Pamplona, una interesante construcción militar del
último cuarto del siglo XVI, reformada en siglos posteriores,
mantiene todavía, aunque parcialmente, su planta estrellada de la
que forman parte los baluartes de San Felipe el Real, Santa María y
Santiago, habiéndose sacrificado casi en su totalidad los de San
Antón y la Victoria para poder construir el Primer Ensanche de la
ciudad; asimismo se mantiene el cerco murado de piedra, con un
ligero talud que la circunda .
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